Celebrar con dignidad

18/5/08

La belleza tiene un importante sentido teológico por lo que no se puede obviar en la liturgia.
La fotografía que ilustra este post es de una Misa oficiada en Italia el lunes de Pascua pasado. Se puede comprobar la belleza de los ornamentos y la correcta actitud reverencial del sacerdote celebrante. Por desgracia, esta imagen es una excepción respecto a lo que se hace generalmente. Alguno pensará que un sacerdote sólo se revestirá así para celebrar la Misa según el Rito Romano en su forma extraordinaria, la llamada Misa antigua, pues está muy equivocado. El último concilio de la Iglesia no suprimió en absoluto la utilización de estos ornamentos. Mientras sacerdotes y obispos celebran con casullas que parecen sábanas o, erróneamente, sólo con estola, desaliñados, y con una más que cuestionable actitud, en las sacristías duermen el sueño de los justos ornamentos que son verdaderas obras de arte. Arte puesto al servicio de la liturgia, que hoy se tira por la borda. Recuperar el correcto arte de celebrar debe ser una prioridad en la vida de todo ministro de la Iglesia, un derecho de todo fiel católico y un acto de justicia para dar a Dios el culto debido.

Orad por los dedicados a la oración

17/5/08

Suele suceder que las cosas más importantes de la vida son las que pasan más desapercibidas y a las que, quizás, menos atención prestemos. Pero ¿qué sería de nosotros si nuestro corazón estuviese enfermo o si no tuviésemos el contacto afectivo de familiares y amigos? ,sin embargo, ¿ quién se para a pensar en su corazón, que late desde antes de ver la luz de este mundo, o en el trato cotidiano con sus seres queridos?. En la Iglesia sucede los mismo; los religiosos de vida contemplativa pasan como de puntillas, parece como si no existiesen y, sin embargo, ¿qué sería de la Iglesia y del mundo sin esas miles de personas que oran constantemente realizando esa insustituible labor intercesora desde la clausura de sus monasterios?. Mañana, solemnidad de la Santísima Trinidad, se nos pide a todos que recemos por ellos, que recemos por los que rezan. Sería bueno también que apreciáramos ese tesoro que es la vida contemplativa,viven la esencia; son escuela del cristianismo genuino.

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Navega y ayuda a la Iglesia

15/5/08


Mensaje para todos los que confían en la labor de la Iglesia Católica.
Una iniciativa de varios católicos ha creado un buscador para ayudar a la autofinanciación de la Iglesia Católica. Funciona igual que google pero los ingresos que se generen por la publicidad en su buscador iran a parar como donativo a la Iglesia Católica para el sostenimiento de sus actividades. Es una interesante iniciativa para ayudar a la Iglesia en sus necesidades. Utilízalo como tu buscador habitual, no te costará nada.

La web es http://www.buigle.com/

Palabras y significados

13/5/08

Conocer el origen etimológico de las palabras nos permite entender su significado real y original, nos permite redescubrir la riqueza que las mismas encierran y, a su vez, nos permite "desnudarlas" de significados desvirtuados.
A este respecto me gustaría desmenuzar la palabra religión. Esta palabra tienen un origen latino, está compuesta por el prefijo "re" que indica volver a hacer algo (de ahí vienen palabras como rehacer, revolver, repetir, etc.) y por el verbo latino "ligare", ligar en castellano, que significa unir. Por lo tanto, la palabra religare, religión, significa literalmente volver a unir. Volver a unir ¿qué? o a ¿quién?, pues bien, significa volver a unir al Ser Humano con Dios. Toda religión te debe llevar a desarrollar íntegramente todas tus capacidades, te debe mover mediante su práctica a la trascendencia, a la virtud, es decir, a la perfección, a la experiencia mística. Cuando una religión te impide promocionarte como persona o te impide ser libre, pueden estar ocurriendo dos cosas, o que la vivas de una forma equivocada o que estés en una secta.

Ven, Espíritu Santo

11/5/08



Finaliza hoy el tiempo Pascual. Durante cincuenta días toda la liturgia ha girado en torno al hecho de la Resurrección de Cristo y al desarrollo de la primigenia comunidad cristiana. Como culmen y fin de este tiempo, la Iglesia celebra el día en que el Espíritu Santo (tercera persona de la Trinidad Santísima) descendió sobre los apóstoles y la Virgen mientras estaban reunidos en el cenáculo. El Espíritu Santo ha sido definido por algunos como el gran desconocido de la Iglesia, siendo Él quien nos anima, quien nos acompaña, pasa muy desapercibido para la gran masa del Pueblo de Dios. Pedir a Dios que nos envíe su Espíritu Santo es quizás la mejor petición que podamos formular en nuestras vidas, pues no pedimos algo, le pedimos a Él que se nos dé a nosotros. Él mismo nos dona y Él mismo es la donación. Oremos para que habite y transforme nuestros corazones. Que Él guíe nuestras vidas.

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La devoción a Jesús

25/4/08

" (...) De la mano de la maravillosa recuperación de la historia de Jesús como un factor relevante para la fe y para la comunidad cristiana, en algunos ambientes hemos recortado la confesión cristiana sin darnos cuenta. Frente a la plétora de títulos y designaciones para expresar la riqueza, la profundidad y la maravilla de la obra de Cristo y de su persona, nos reducimos al jesusismo: es decir, a designar a nuestro Señor siempre y exclusivamente como Jesús. ¿Se recoge entonces con suficiente conciencia y solera, y moldea de modo efectivo la vivencia de la fe, que Jesús es el Señor de vivos y muertos, que es el Mesías esperado de los tiempos, el Hijo de Dios de vivo, el Juez de vivos y muertos, el Salvador de los pecadores, el Primogénito de toda la creación, el Recapitulador de toda la historia, el Alfa y la Omega, el Hijo único del Padre, el primogénito de entre los muertos, el buen Pastor, el único sumo y eterno Sacerdote, que la historia de su caminar entre nosotros es santa porque él es el Santo de Dios, etc?
También los investigadores del cristianismo primitivo, judíos y agnósticos, que se detienen en la figura del fundador del cristianismo le llaman "Jesús de Nazaret", pero no se adhieren a Él ni le confiesan como el Hijo de Dios vivo. (...) El evangelio de Juan nos conduce hacia la exclamación final de Tomás, como figura de todo futuro creyente: "Señor mío y Dios mío" (Jn 20,28). El mero jesusismo no es expresión inequívoca de la devoción a Jesús. (...)
Profundizando en si lo que da vigor y consistencia interna a un modo de vivir la fe cristiana es el proyecto de Jesús, iluminado y refrescado por los valiosos estudios del Jesús histórico, entonces se tiende a que la cruz y la resurrección no ocupen un puesto prevalente ni configurador. No es que se nieguen, sino que no resultan articuladores de la vivencia de la fe, no proporcionan la savia cotidiana que riega el transcurrir de la vida de fe.
La cruz tiende a leerse como el fracaso del proyecto de Jesús, o bien como la señal inequívoca y constante de la presencia en la historia de las fuerzas que se oponen al reino de Dios. Pero resulta difícil considerar que en ella es donde realmente se da la victoria y se expulsa definitivamente al Príncipe de este mundo. No cabe duda de que la asimilación de la cruz en la vida del cristiano es un asunto nada baladí y siempre pendiente. Sin embargo, si se da una presencia de la misma es más fácil integrar los fracasos en el camino del seguimiento como algo que me vincula más al Señor, a quien se ha decidido seguir "en la pena y en la gloria" (Ignacio de Loyola).
La resurrección sana y regenera las energías misioneras. A pesar de que el Resucitado no presenta ningún proyecto concreto más allá de la comunicación de la buena noticia de que está vivo y vivifica; sin embargo, saberlo y experimentarlo genera un gran dinamismo. (...) El Resucitado genera un gran dinamismo misionero y un gran descanso. (...)
La devoción de Jesús perfora los acontecimientos de la historia de Jesús para contemplar en ella su amor por nosotros. Así la Cena y la Cruz provocan la devoción, pues se perciben como escenas densas de amor que se desborda, se dona y se derrama. La devoción a Jesús contempla sus heridas y sus llagas como las marcas de su amor por la humanidad, por mí; percibe que ellas cargaron con nuestras culpas, liberándonos de ellas. La devoción a Jesús sabe que este amor no ha sido inútil, sino vencedor, y que, por eso, nos sostiene, aguarda y espera. (...)"


Extraído del artículo "La devoción a Jesús y la singularidad de su humanidad" de Gabino Uríbarri. Publicado en la revista jesuíta "Razón y Fe".


Ayudar a la Iglesia en sus necesidades

17/4/08



Este post va dirigido a los españoles, especialmente a aquellos que realizan la Declaración de la Renta (IRPF).
La Iglesia Peregrina la formamos los bautizados y es deber nuestro sostenerla en todos los sentidos, también el económico. Es por ello que la Iglesia en España ha desarrollado un programa para financiarse. Ha creado la página web http://www.portantos.es/ donde da a conocer cuáles son sus fuentes de ingresos, su gestión, etc. Una de las formas de contribuir con las necesidades de la Iglesia es marcar la casilla a su favor en la declaración de la renta. Cabe subrayar que marcar esa casilla a favor de la Iglesia Católica es compatible con marcar la casilla para "Otros Fines Sociales" y que no supone ningún coste para el contribuyente. En este enlace podrá resolver su dudas sobre cómo colaborar a través del IRPF.


La Iglesia desarrolla una labor muy importante, por favor, difunde entre otras personas esta información para que pueda seguir desarrollándola.

Muchas gracias

Jesús Eucaristía

10/4/08


Como comentaba en los post anteriores debemos pedir la gracia de creer que Jesucristo resucitó y, por lo tanto, convencernos de que vive para siempre. Juntamente con esta petición debiéramos pedir también la gracia de reconocerlo en los sacramentos, muy especialmente en la Eucaristía. Jesucristo está realmente presente en el pan y el vino consagrados, no es algo simbólico, es Él. Llegar a ese acto de fe puede que no sea fácil, es por eso que tenemos que pedir a Dios la gracia de creer. Si uno llega a reconocerlo en la Eucaristía la comunión será verdadero alimento que verdaderamente alimenta, será verdadero descanso, será verdadero encuentro. La Misa tendrá un sentido nuevo, genuino. Será un acto de amor sublime, será ansiada y deseada.

Pidamos a Dios el milagro de la fe.


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4/4/08

La gracia de creer

"Dichosos los que crean sin haber visto"

El domingo de la Octava de Pascua, es decir, el domingo siguiente al de Resurrección, la Iglesia nos presenta pedagógicamente el pasaje evangélico de la duda de Santo Tomás. A poco que reflexionemos sobre ese pasaje caeremos en la cuenta de lo tozudo que es el ser humano. Santo Tomás era uno de los doce apóstoles elegidos por Cristo, por lo tanto, conocía al Señor, había visto sus signos y había escuchado sus enseñanzas, sin embargo, no creía que hubiera vuelto a la vida. Es curioso que no creyendo en que Cristo verdaderamente estuviese vivo siguiese en el grupo de los doce; no creyendo formaba parte de la Iglesia. Si nos paramos un poco a pensar comprobaremos que en la Iglesia hay muchos como Santo Tomás que no viven convencidos de su fe, que siguen una serie de ritos y preceptos pero, a su vez, tienen un corazón incrédulo y desconfiado. Atrevámonos a pedir a Dios la gracia de creer. Ojalá lleguemos a tener una fe más sólida que si, como Santo Tomás, hubiésemos metido los dedos en la llaga de los clavos y el costado.

Jesús vive

27/3/08


En este tiempo de Pascua celebramos, recordamos y actualizamos aquel acontecimiento fundamental para nuestra fe en Cristo; su Resurrección de entre los muertos. Ser consciente de que Cristo resucitó, es decir que está vivo, cambia totalmente nuestra perspectiva vital. Desgraciadamente, no hemos asumido ese hecho, decimos que creemos en su resurrección pero vivimos como si estuviera muerto. En nuestro oración en este tiempo Pascual debiéramos pedir la gracia de saber que Cristo vive, que nos acompaña en nuestro peregrinar por este mundo, que podemos relacionarnos con Él. La resurrección de Nuestro Señor hace que nuestra fe no sea vana, es cimiento sólido para nuestra esperanza y prueba inefable del amor de Dios.

¡Vive!

25/3/08

Feliz Pascua de Resurrección

¿Qué ves en la noche, dinos centinela?

Dios como un almendro

con la flor despierta;

Dios que nunca duerme

busca quien no duerma,

y entre las diez vírgenes

sólo hay cinco en vela.

¿Qué ves en la noche, dinos centinela?

Gallos vigilantes

que la noche alertan.

Quien negó tres veces

otras tres confiesa,

y pregona el llanto

lo que el miedo niega.

¿Qué ves en la noche, dinos centinela?

Muerto le bajaban

a la tumba nueva.

Nunca tan adentro

tuvo al sol la tierra.

Daba el monte gritos,

piedra contra piedra.

¿Qué ves en la noche, dinos centinela?

Vi los cielos nuevos

y la tierra nueva.

Cristo entre los vivos,

y la muerte muerta.

Dios en las criaturas,

¡y eran todas buenas!

Lo que se dice sobre la Iglesia

14/3/08


Estos días se ha suscitado en los medios de comunicación un cierto revuelo por una supuesta ampliación de la supuesta lista de pecados que, supuestamente, establece la Iglesia. No hace falta ser teólogo para comprobar el poco, y muchas veces nulo, conocimiento de periodistas y tertulianos sobre temas religiosos. Ese revuelo del que hablo es totalmente infundado; primero, la Iglesia no tiene una lista de todos los pecados que podamos cometer, por la sencilla razón de que sería imposible desglosar todas las formas de mal que podemos causar; segundo, nadie, como suele ocurrir con los temas eclesiales, se remite a la fuente de la información que, en este caso, es una simple entrevista a un obispo en el que este dice, con toda la razón del mundo, que se está perdiendo la consciencia de pecado y, a su vez, que existen nuevas formas de pecar que no existían antes, como la contaminación o la dogradicción . Tal es la ignorancia de muchos "profesionales" que he llegado a oír decir que el Papa Juan Pablo II suprimió la existencia del Infierno y, Benedicto XVI, por el contrario, la ha reestablecido ¡Solemne tontería!; todo aquello que es dogma nunca será cambiado, ni derogado, ni suprimido.
Algo que realmente es ya un tópico es aquello de que la Iglesia, sólo permite las relaciones sexuales con el único fin de la procreación, ¡Totalmente falso!, de ser así, no se aceptaría los métodos naturales de control de la natalidad. La Iglesia establece que el matrimonio tiene tres fines: 1º La procreación (la gente se casa para tener hijos), 2º La ayuda mutua de los esposos (la gente se casa para compartir la vida con la otra persona) y 3º El remedio de la concupiscencia (la gente se casa para satisfacer sus necesidades sexuales). Estos tres son los fines del matrimonio, no sólo el primero, si bien este es sumamente importante.
Los medios de comunicación, especialmente la poderosa televisión, están transmitiendo la idea de que sacerdocio y pederastia están muy relacionados, cuando estadísticamente los casos de sacerdotes pederastas ocupan los últimos puestos en los listados realizados por organizaciones independientes a la Iglesia. Sucede que los sangrantes casos de abusos a menores por parte de sacerdotes son, por morbosidad, puestos en la palestra una y otra vez, llevando a la opinión pública a generalizar.
Otro, también ya tópico, es el argumentario de las riquezas del Vaticano, del poder económico de la Iglesia, nadie separa de este argumento el patrimonio histórico- artístico y, además, nadie habla, aún habiendo datos, de la gestión económica de la Iglesia, es decir, en qué emplea el dinero que gestiona. Nadie en los medios se hace eco de que la Iglesia Católica es la organización mundial que MÁS AYUDA presta a los empobrecidos, según datos de las O.N.U. (Organización de Naciones Unidas). Otro, también tópico frecuente, es presentar una Iglesia divida; de un lado, los misioneros (presentados como los buenos) y del otro, el Papa, los cardenales y obispos (presentados como los malos), esta es otra solemne tontería. La Iglesia la formamos todos los bautizados y todos en ella tenemos una misión, un “papel” que desarrollar. En los lugares de misión, sobre todo, los países empobrecidos también hay cardenales y obispos que presiden las distintas diócesis, que junto con los misioneros y, en comunión con el Papa, extienden el Evangelio entre los más desfavorecidos.

Termino reflexionando sobre lo más grave de todo y es que, por desgracia, lo que sale en televisión es asumido por una gran masa de personas como algo categórico, cuasi “Palabra de Dios”. Los profesionales de la comunicación debieran hacer un pequeño esfuerzo por elevar su preparación en temas religiosos, es francamente patético lo que se llega a escuchar.

Hermosa advocación

7/3/08

La imagen que encabeza este post es la de una advocación mariana que he conocido hace pocos días, y que me ha parecido muy significativa, pues, metafóricamente, expresa el papel mediador que tiene nuestra Madre del Cielo. Se trata de la Virgen de los Nudos. Ella, la Virgen, intercediendo por nosotros va deshaciendo los “nudos” de nuestra vida, ¡qué hermoso!.
Como rezamos en la Salve, María es madre de misericordia y abogada nuestra, roguémosle para que con su ayuda seamos transformados en este tiempo de Cuaresma y, de alguna forma, "resucitemos" a una vida nueva con la celebración de la Pascua.

Creo en el Perdón de los Pecados

28/2/08

El tiempo de Cuaresma comenzó con una llamada a la conversión, y la Iglesia nos recuerda la importancia y la necesidad de acudir al sacramento de la Confesión, especialmente en estas fechas previas a la Semana Santa. Sin embargo, parece evidente que la práctica de este sacramento -conocido indistintamente como sacramento de la Penitencia, de la Reconciliación, del Perdón o simplemente, de la Confesión- sufre una notable crisis. Por ello, es necesario que recuperemos este tesoro de gracia, expresado en el mismo Credo: “Creo en el perdón de los pecados”.

1º.- De la pereza a las dudas: Una buena parte de los fieles que se han alejado de este sacramento, no lo han hecho por un rechazo a la fe católica, sino simplemente arrastrados por el mal de la pereza y por la ley del mínimo esfuerzo. Es indudable que el sacramento de la Penitencia requiere un esfuerzo notable, y que a algunas personas les puede exigir altas dosis de vencimiento propio.
Pero claro, quien cede a la pereza, tarde o temprano, se hace vulnerable a las dudas de fe: se empieza por entonar el célebre “yo me confieso con Dios”, dejando en el olvido la afirmación bíblica de que «Dios confió a los apóstoles el ministerio de la reconciliación» (2 Cor 5,18), para terminar por decir aquello de “yo no hago mal a nadie… no tengo pecados”, contradiciendo las palabras de Cristo: «El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra» (Jn 8,7).

2º.- Sensibilidad moderna: Más allá de la pereza, algunos piensan que la sensibilidad moderna chirría ante la confesión de los pecados a un ministro mediador. Sin embargo, deberíamos atrevernos a cuestionar el presupuesto de partida: ¿es cierto que la sensibilidad moderna es reacia a la confesión particular de los pecados? Hay a nuestro alrededor muchos síntomas que invitan a cuestionarlo. No me refiero únicamente al aumento de pacientes en las consultas de los psicólogos, inversamente proporcional al descenso de la confesión. Ahí tenemos también la proliferación de los “reality shows” radiofónicos y televisivos, en los que los “penitentes” reconocen ante millones de espectadores sus “pecados” con sus rostros distorsionados por el zoom televisivo, como si de una discreta rejilla de confesionario se tratase.

3º.- Abusos en las celebraciones comunitarias: Por los motivos aducidos, tanto los fieles como los sacerdotes, podemos tener la tentación de cometer o de permitir determinadas infidelidades en la disciplina de este sacramento. Por ejemplo, ¿qué sentido tiene una celebración comunitaria de la Penitencia, en la que los fieles se limitan a confesar de forma genérica “soy pecador”, o “perdón, Señor”, sin necesidad de concretar sus propios pecados?
La declaración de los pecados personales ante el sacerdote, es una parte esencial del sacramento de la Reconciliación. Baste entender las siguientes palabras del Evangelio de San Juan: «A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20, 23). Es decir, el sacerdote que administra este sacramento, no puede ni debe hacerlo de una forma automática, ya que su tarea consiste en discernir si existe el debido arrepentimiento en el penitente, intentando suscitar en él una verdadera contrición, de forma que así puedan darse las condiciones para “perdonar” los pecados en nombre de Cristo, o “retenerlos”, en su caso. Lógicamente, para poder realizar ese discernimiento, es necesaria la manifestación de las faltas al confesor.

4º.- Confesiones rutinarias y desesperanza: Una celebración correcta del sacramento de la Penitencia no depende exclusivamente de la manifestación íntegra de nuestros pecados. Quienes nos confesamos con frecuencia, debemos tener en cuenta que existe el peligro de caer en la rutina y en la superficialidad. Los penitentes hemos de procurar con responsabilidad, que nuestra confesión sea un encuentro personal con Jesucristo, quien nos consuela en nuestras debilidades, al mismo tiempo que fortalece nuestra esperanza en el inicio de una vida nueva.
Los penitentes habituales podemos ser tentados también por el cansancio y hasta por la desesperanza, cuando a veces no percibimos un avance en la reforma de nuestra vida moral. Nos puede dar la sensación de que siempre caemos en los mismos pecados y de que estamos encadenados en una espiral de caídas y peticiones de perdón, sin progresos constatables. Sin embargo, la única manera de permanecer fieles a la llamada a la conversión, es continuar fieles en el camino penitencial, “sin perder la paz, pero sin hacer las paces”. Es decir, sin perder la paz interior, por que no avanzamos como sería nuestra deseo; al mismo tiempo que nos resistimos a pactar con nuestro pecado, sin rebajar el ideal de la santidad al que estamos llamados. Decía un autor espiritual que el cristianismo no es tanto de los perfectos, como de aquellos que no se cansan nunca de estar empezando siempre.

Los cristianos que nos acercamos a recibir el perdón en estos días, estamos llamados a ser testigos de la Misericordia de Dios. La alegría del perdón es el mejor testimonio de fe y de esperanza ante nuestros hermanos. De forma similar a como San Agustín escribió un libro autobiográfico con el título de “Confesiones”, en el que cuenta la conversión de su vida pecadora, para proclamar ante el mundo la bondad de Dios; así también nosotros, al “confesar” nuestros pecados, “confesamos” el Amor de Dios.

+ José Ignacio Munilla, obispo de Palencia

Sentirse perdonado

17/2/08

Los sacramentos son los signos de nuestra fe, a través de los cuales, recibimos la gracia divina. La Confensión es uno de estos siete signos. Este sacramento, el de la Reconciliación, está en la actualidad muy devaluado. Muchos cristianos no entienden su significado y el por qué hay que decir los pecados al confensor que, al fin y al cabo, es una persona tan pecadora, o más, que el mismo penitente. Sin embargo, la Confensión es, en mi modesta opinión, uno de los sacramentos más gratificantes, de hecho, es llamado, junto con la Unción de los Enfermos, sacramento de curación o sanación.
La condición humana es una condición frágil, somos débiles, y fácilmente sucumbimos al sin fin de tentaciones que se nos presentan en nuestra vida. Como en la parábola del hijo pródigo, nos apartamos frecuentemente de la casa del Padre, marchamos errantes por la vida creyéndonos autosuficientes hasta que caemeos en la cuenta, al igual que en la parábola, de lo bien que se está en la casa del Padre. Jesucristo, consciente de nuestra debilidad, nos ha dejado este gran misterio y, por mediación de la Iglesia, nos reconcilia con el Padre. Es Él, a través del sacerdote, quien perdona nuestro pecados. Por otra parte, decir los pecados tiene un efecto como de catarsis, de liberación. Ser perdonado es una hermosa experiencia, es sentir, como en la parábola, el abrazo del Padre que espera siempre nuestro regreso a Él.
Yo, como santa Teresa, te recomiendo que para confesarte busques un confersor que sea santo y sabio y, si no encuentras a nadie que reuna esas dos características, al menos, busca a uno que sea sabio.

En este enlace puedes profundizar más ello.

http://www.vatican.va/archive/compendium_ccc/documents/archive_2005_compendium-ccc_sp.html#LOS%20SACRAMENTOS%20DE%20CURACIÓN

Estar en silencio

14/2/08


Este tiempo cuaresmal nos invita a encontranos con Dios, con los hermanos y también a encontrarnos con nosotros mismos. En la actualidad, en que tantas prisas tenemos, tantas informaciones recibimos y tan influenciados estamos, más parece que en lugar de vivir la vida somos vividos por ella. Estamos en algún sentido enajenados. Es necesario que nos paremos, que tomemos consciencia del momento presente, del aquí y ahora. Es importante, como recordaba el Papa, que ayunemos también de imágenes y palabras. Es necesario que experimentemos el silencio, que es algo más que la ausencia de ruidos. Procuremos buscar algún momento del día en el que, estando sentados en posición cómoda y con los ojos cerrados, permanezcamos en silencio, un silencio también mental intentando no pensar en nada, "desconectando", tomando consciencia de la respiración o del propio cuerpo. Si es posible, busquemos algún momento en la semana para caminar por zonas verdes permaneciendo en silencio, un silencio externo e interno. Esta actitud silente nos hará ser receptivos y ecuánimes, nos ayudará a orar de formar más efectiva. Estar en silencio es estar en actitud de escucha y esta actitud es ya una hermosa forma de oración.

Les recomiendo a todos la película - documental "El Gran Silencio" que plasma la vida de una comunidad de monjes cartujos. Estos monjes viven cada día ese silencio necesario para escuchar la voz de Dios.

Ejercitarnos en la caridad; la lismosna

8/2/08


"(...) Según las enseñanzas evangélicas, no somos propietarios de los bienes que poseemos, sino administradores: por tanto, no debemos considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a través de los cuales el Señor nos llama, a cada uno de nosotros, a ser un instrumento de su providencia hacia el prójimo. Como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, los bienes materiales tienen un valor social, según el principio de su destino universal (cf. nº 2404).

En el Evangelio es clara la amonestación de Jesús hacia los que poseen las riquezas terrenas y las utilizan solo para sí mismos. Frente a la muchedumbre que, carente de todo, sufre el hambre, adquieren el tono de un fuerte reproche las palabras de San Juan: “Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (1Jn 3,17). La llamada a compartir los bienes resuena con mayor elocuencia en los países en los que la mayoría de la población es cristiana, puesto que su responsabilidad frente a la multitud que sufre en la indigencia y en el abandono es aún más grave. Socorrer a los necesitados es un deber de justicia aun antes que un acto de caridad.

(...) La Escritura, al invitarnos a considerar la limosna con una mirada más profunda, que trascienda la dimensión puramente material, nos enseña que hay mayor felicidad en dar que en recibir (Hch 20,35). Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: en efecto, no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos (cf. 2Cor 5,15). Cada vez que por amor de Dios compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo como bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría. El Padre celestial recompensa nuestras limosnas con su alegría.

(...) Más aún: san Pedro cita entre los frutos espirituales de la limosna el perdón de los pecados. “La caridad –escribe– cubre multitud de pecados” (1P 4,8). Como repite a menudo la liturgia cuaresmal, Dios nos ofrece a los pecadores la posibilidad de ser perdonados.

(...) ¿Acaso no se resume todo el Evangelio en el único mandamiento de la caridad? Por tanto, la práctica cuaresmal de la limosna se convierte en un medio para profundizar nuestra vocación cristiana. El cristiano, cuando gratuitamente se ofrece a sí mismo, da testimonio de que no es la riqueza material la que dicta las leyes de la existencia, sino el amor. Por tanto, lo que da valor a la limosna es el amor, que inspira formas distintas de don, según las posibilidades y las condiciones de cada uno. (...)"

(Fragmentos extraídos del mensaje del Papa para la Cuaresma del 2008)

La Cuaresma

1/2/08


Dentro de unos días comenzaremos, un año más, el tiempo litúrgico de Cuaresma. Sería bueno que hiciésemos el esfuerzo de combatir el pesado lastre de la rutina que muchas veces arrastramos y descubriésemos lo genuino de este período, haciéndolo, así, verdaderamente fructífero. Si bien todo tiempo es bueno para cambiar estos cuarenta días son aún más propicios para convertirnos o, mejor dicho, para dejar que Dios nos convierta. Es un tiempo para revisar íntegramente nuestra vida, para mejorar nuestra relación con el prójimo, para intensificar nuestra relación con Dios y predisponer nuestro corazón a su acción liberadora. A ejemplo del pueblo judío, que durante cuarenta años anduvo por el desierto, nosotros peregrinaremos durante cuarenta días hacia la Pascua, con una actitud reflexiva, dejándonos sondear por el Espíritu Santo, abriendo nuestro corazón, con confianza absoluta, a la misericordia divina que iluminará la oscuridad de este peregrinaje, y , como metáfora de la propia existencia humana, nos conducirá un día a la Pascua definitiva del cielo.
Os deseo a todos una santa Cuaresma.

Vivir en gracia

24/1/08


Muchos cristianos, lamentablemente, han perdido la consciencia de haber cometido pecado mortal y permanecen en él sin el menor problema. Esto se comprueba fácilmente al ver cómo la práctica religiosa desciende, cómo cada vez más personas viven en adulterio o cómo la secularización avanza a pasos agigantados. Quizás más grave que la pérdida de consciencia de estar pecado mortal sea la pérdida de consciencia de estar en gracia, al fin y al cabo, desgraciado, literalmente, es aquel que no está en gracia. Ese no experimentar la gracia divina en nuestras vidas es, en mi opinión, gran parte de la causa de que muchos que se llaman cristianos vivan peor que paganos. La gracia "es un don gratuito de Dios, por el que nos hace partícipes de su vida trinitaria y capaces de obrar por amor a Él. (...) nos santifica y nos diviniza. (...)La gracia previene, prepara y suscita la libre respuesta del hombre; responde a las profundas aspiraciones de la libertad humana, la invita a cooperar y la conduce a su perfección. (...)Además de la gracia habitual, existen otros tipos de gracia: las gracias actuales (dones en circunstancias particulares); las gracias sacramentales (dones propios de cada sacramento); las gracias especiales o carismas (que tienen como fin el bien común de la Iglesia), entre las que se encuentran las gracias de estado, que acompañan al ejercicio de los ministerios eclesiales y de las responsabilidades de la vida."


Seamos conscientes del estado de gracia, vivamos con profundo gozo ese estar en amistad con Dios y ese participar de su misma vida divina.