Sea por siempre bendito y alabado
La piedad Eucarística
12/7/07
Sea por siempre bendito y alabado
El sacramento olvidado

El sacramento de la Penitencia es de entre todos los sacramentos el más olvidado. Cada vez la gente se confiesa menos, quizás sea porque hemos ido perdiendo la conciencia de estar en pecado y porque desconocemos la experiencia de sentirnos perdonados y llenos de gracia divina. Ciertamente la confesión es un milagro, es Cristo mismo quien, cuál si fuésemos Lázaro, nos resucita de la muerte del pecado.
297. ¿Por qué hay un sacramento de la Reconciliación después del Bautismo?
Puesto que la vida nueva de la gracia, recibida en el Bautismo, no suprimió la debilidad de la naturaleza humana ni la inclinación al pecado (esto es, la concupiscencia), Cristo instituyó este sacramento para la conversión de los bautizados que se han alejado de Él por el pecado.
La llamada de Cristo a la conversión resuena continuamente en la vida de los bautizados. Esta conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia, que, siendo santa, recibe en su propio seno a los pecadores.
La penitencia interior es el dinamismo del «corazón contrito» (Sal 51, 19), movido por la gracia divina a responder al amor misericordioso de Dios. Implica el dolor y el rechazo de los pecados cometidos, el firme propósito de no pecar más, y la confianza en la ayuda de Dios. Se alimenta de la esperanza en la misericordia divina.
La penitencia puede tener expresiones muy variadas, especialmente el ayuno, la oración y la limosna. Estas y otras muchas formas de penitencia pueden ser practicadas en la vida cotidiana del cristiano, en particular en tiempo de Cuaresma y el viernes, día penitencial.
302. ¿Cuáles son los elementos esenciales del sacramento de la Reconciliación?
Los elementos esenciales del sacramento de la Reconciliación son dos: los actos que lleva a cabo el hombre, que se convierte bajo la acción del Espíritu Santo, y la absolución del sacerdote, que concede el perdón en nombre de Cristo y establece el modo de la satisfacción.
303. ¿Cuáles son los actos propios del penitente?
Los actos propios del penitente son los siguientes: un diligente examen de conciencia; la contrición (o arrepentimiento), que es perfecta cuando está motivada por el amor a Dios, imperfecta cuando se funda en otros motivos, e incluye el propósito de no volver a pecar; la confesión, que consiste en la acusación de los pecados hecha delante del sacerdote; la satisfacción, es decir, el cumplimiento de ciertos actos de penitencia, que el propio confesor impone al penitente para reparar el daño causado por el pecado.
304. ¿Qué pecados deben confesarse?
Se deben confesar todos los pecados graves aún no confesados que se recuerdan después de un diligente examen de conciencia. La confesión de los pecados graves es el único modo ordinario de obtener el perdón.
Todo fiel, que haya llegado al uso de razón, está obligado a confesar sus pecados graves al menos una vez al año, y de todos modos antes de recibir la sagrada Comunión.
306. ¿Por qué también los pecados veniales pueden ser objeto de la confesión sacramental?
La Iglesia recomienda vivamente la confesión de los pecados veniales aunque no sea estrictamente necesaria, ya que ayuda a formar una recta conciencia y a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo y a progresar en la vida del Espíritu.
310. ¿Cuáles son los efectos de este sacramento?
Los efectos del sacramento de la Penitencia son: la reconciliación con Dios y, por tanto, el perdón de los pecados; la reconciliación con la Iglesia; la recuperación del estado de gracia, si se había perdido; la remisión de la pena eterna merecida a causa de los pecados mortales y, al menos en parte, de las penas temporales que son consecuencia del pecado; la paz y la serenidad de conciencia y el consuelo del espíritu; el aumento de la fuerza espiritual para el combate cristiano.
María
11/7/07
Que todos sean uno
Que nuestra oración, constante y sincera, sea un acto de reparación por no cumplir ese deseo de nuestro Señor Jesús y, a la vez, sea una súplica al Padre para que mueva los corazones y remueva los obstáculos que separan a la Iglesia y al resto de confesiones cristianas, especialmente a nuestros hermanos ortodoxos y luteranos, para alcanzar la plena unidad.
El sacramento de la Eucaristía

Nunca viene mal recordar y releer el catecismo de la Iglesia o el compendio del mismo del que tenéis un enlace en este blog. Por esta razón, he extraído algunas partes referentes a la Eucaristía.
271. ¿Qué es la Eucaristía?
La Eucaristía es el sacrificio mismo del Cuerpo y de la Sangre del Señor Jesús, que Él instituyó para perpetuar en los siglos, hasta su segunda venida, el sacrificio de la Cruz, confiando así a la Iglesia el memorial de su Muerte y Resurrección. Es signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual, en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la vida eterna.
274. ¿Qué representa la Eucaristía en la vida de la Iglesia?
La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana. En ella alcanzan su cumbre la acción santificante de Dios sobre nosotros y nuestro culto a Él. La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo, nuestra Pascua. Expresa y produce la comunión en la vida divina y la unidad del Pueblo de Dios. Mediante la celebración eucarística nos unimos a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna.
276. ¿Qué lugar ocupa la Eucaristía en el designio divino de salvación?
En la Antigua Alianza, la Eucaristía fue anunciada sobre todo en la cena pascual, celebrada cada año por los judíos con panes ázimos, como recuerdo de la salida apresurada y liberadora de Egipto. Jesús la anunció en sus enseñanzas y la instituyó celebrando con los Apóstoles la Última Cena durante un banquete pascual. La Iglesia, fiel al mandato del Señor: «Haced esto en memoria mía» (1 Co 11, 24), ha celebrado siempre la Eucaristía, especialmente el domingo, día de la resurrección de Jesús.
281. ¿De qué modo la Iglesia participa del Sacrificio eucarístico?
En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo se hace también sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo. En cuanto sacrificio, la Eucaristía se ofrece también por todos los fieles, vivos y difuntos, en reparación de los pecados de todos los hombres y para obtener de Dios beneficios espirituales y temporales. También la Iglesia del cielo está unida a la ofrenda de Cristo.
282. ¿Cómo está Jesucristo presente en la Eucaristía?
Jesucristo está presente en la Eucaristía de modo único e incomparable. Está presente, en efecto, de modo verdadero, real y sustancial: con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y su Divinidad. Cristo, todo entero, Dios y hombre, está presente en ella de manera sacramental, es decir, bajo las especies eucarísticas del pan y del vino.
286. ¿Qué tipo de culto se debe rendir al sacramento de la Eucaristía?
Al sacramento de la Eucaristía se le debe rendir el culto de latría, es decir la adoración reservada a Dios, tanto durante la celebración eucarística, como fuera de ella. La Iglesia, en efecto, conserva con la máxima diligencia las Hostias consagradas, las lleva a los enfermos y a otras personas imposibilitadas de participar en la Santa Misa, las presenta a la solemne adoración de los fieles, las lleva en procesión e invita a la frecuente visita y adoración del Santísimo Sacramento, reservado en el Sagrario.
Para recibir la sagrada Comunión se debe estar plenamente incorporado a la Iglesia Católica y hallarse en gracia de Dios, es decir sin conciencia de pecado mortal. Quien es consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. Son también importantes el espíritu de recogimiento y de oración, la observancia del ayuno prescrito por la Iglesia y la actitud corporal (gestos, vestimenta), en señal de respeto a Cristo.
292. ¿Cuáles son los frutos de la sagrada Comunión?
La sagrada Comunión acrecienta nuestra unión con Cristo y con su Iglesia, conserva y renueva la vida de la gracia, recibida en el Bautismo y la Confirmación y nos hace crecer en el amor al prójimo. Fortaleciéndonos en la caridad, nos perdona los pecados veniales y nos preserva de los pecados mortales para el futuro.
294. ¿Por qué se dice que la Eucaristía es «prenda de la gloria futura»?
La Eucaristía es prenda de la gloria futura porque nos colma de toda gracia y bendición del cielo, nos fortalece en la peregrinación de nuestra vida terrena y nos hace desear la vida eterna, uniéndonos a Cristo, sentado a la derecha del Padre, a la Iglesia del cielo, a la Santísima Virgen y a todos los santos.
«En la Eucaristía, nosotros partimos "un mismo pan que es remedio de inmortalidad, antídoto no para morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre"» (San Ignacio de Antioquía).
La marioneta
9/7/07
Para reflexionar:
" Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat seria la serenata que le ofrecería a la luna.
Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida... No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse!
A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
¡A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres... He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por vez primera, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre. He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo. "
Gabriel García Márquez.
7/7/07
La Misa es el centro, el fundamento, la fuente de vida de los cristianos. Sin embargo, la Eucaristía es uno de los sacramentos más devaluados socialmente. Más de una vez he oído frases tan absurdas para un cristiano como “a mí nadie me tiene que decir que vaya a Misa” “se creen que por ir a Misa son mejores” “soy cristiano no practicante” y otras tantas. No cabe duda que tales expresiones son pronunciadas desde la ignorancia, si tuviéramos una leve conciencia de que al participar, debida y activamente, en este sacramento nos unimos a toda la Iglesia, del Cielo, del Purgatorio y de la Tierra, para ofrecernos junto con Cristo al Padre. Si nos diésemos cuenta que Jesús está realmente presente en medio de la comunidad reunida, en su palabra proclamada, en el sacerdote celebrante y en el pan y vino consagrados no sólo participaríamos en la Eucaristía los domingos sino en toda ocasión posible. Nunca llegaremos a tener un conocimiento perfecto del valor y significado de este Sacramento de Caridad pero sí podemos ahondar cada vez más en este gran misterio en el que Dios nos reconcilia con Él, se nos hace alimento, compañero de camino, confidente, verdadero amigo.
Haz siempre el bien
3/7/07
Casi con total seguridad, la mayor parte de los pecados de los cristianos son pecados de omisión. Constantemente se nos presentan oportunidades para hacer el bien que dejamos pasar de forma intencionada o sin ser concientes de dichas oportunidades. Hacer el bien es fácil, es sencillo; orar por las necesidades del mundo y de la Iglesia, vivir siempre en Gracia, tener siempre buen ánimo, escuchar, acompañar, perdonar, denunciar las injusticias, realizar algún tipo de voluntariado y, así, un largo etc.
Debemos ejercitarnos siempre en la caridad porque Dios es Amor "Deus Caritas est". Cada vez que obramos en caridad recuperamos la imagen de Dios en nosotros “a imagen de Dios los creo” .
Ojalá se vuelva a decir de los cristianos " mirad como se aman ".
Los Evangelios
30/6/07
Tú eres Pedro
29/6/07

Son abundantes las referencias evangélicas que manifiestan la relevancia de Pedro en relación al resto de apóstoles. La más explícita es aquella que dice “ Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” o aquella, tras la resurrección, en la que Cristo pregunta tres veces a Pedro si lo ama y le dice que apaciente a su rebaño, es decir, que guíe a su Iglesia. Debemos, por lo tanto, estimar la figura del Papa, sucesor de Pedro, amarlo y rezar por él, para que siempre se deje asistir por el Espíritu Santo y nos confirme en la fe y en la unidad.
El Padre Abad de Silos
24/6/07
¡ Qué maravilloso sería el mundo !
23/6/07

Somos, quizás por ignorancia, muy vanidosos. La vida se nos va en cosas intrascendentes. Desperdiciamos el tiempo; ese don valiosísimo que a todos se nos ha dado. Más que vivir la vida somos vividos por las circunstancias, las corrientes de pensamientos, las ocupaciones, las modas, etc.
Contemplando la humildad de Cristo, que siendo Dios ha pasado por uno de tantos, somos realmente unos soberbios. Contemplando la pobreza material y espiritual de Cristo, somos realmente unos ricos egoístas. Contemplando la Caridad de Cristo, sólo podemos reconocer nuestra mediocridad, nuestra pasividad, nuestra maldad, nuestra insensibilidad, nuestra hipocresía…
Si todos los que nos llamamos cristianos fuésemos lo que decimos ser ¡ qué maravilloso sería el mundo !
Pidamos al Padre que transforme nuestros corazones en el de su Hijo para que reproduzcamos sus sentimientos y seamos Amor en todo lugar, momento y circunstancia.
Soneto
12/6/07
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierta de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!
¡Y cuántas, hermosura soberana:
"Mañana le abriremos", respondía,
para lo mismo responder mañana!
El cambio climático
9/6/07
Echando un vistazo a las previsiones de la ONU sobre los efectos del cambio climático, se deduce fácilmente que tenemos que actuar de inmediato para paliar tan nefastas consecuencias.
Mientras los gobiernos no se deciden a tomar medidas inmediatas los ciudadanos no podemos permanecer impasibles. Todos debemos presionar a las autoridades para que actúen y, a la vez, debemos revisar nuestro modo de vivir para modificar todas aquellas conductas nocivas con el medio. En España viven más de 45 millones de personas, si cada uno plantase un árbol y moderase el consumo de energía cambiarían muchas cosas.
Junto con el Creador debemos ser cocreadores.
El Gran Silencio, una gran película
7/6/07
Haz clic en este enlace para ver el trailer
http://www.youtube.com/watch?v=3R-ivdfGYGk
La transmisión de la Fe

La transmisión de la fe se ha convertido en un grave problema y en un reto para toda la Iglesia.
A pasos agigantados avanza la secularización en nuestra sociedad como una gran apostasía silenciosa pero patente; disminución de vocaciones a la vida sacerdotal, a la vida religiosa, al matrimonio y a la vida cristiana en general.
El problema, al igual que un poliedro, tiene distintas caras y distintas causas. Quizás la causa principal sea la pérdida del sentido trascendente de la misión de la Iglesia y de la vida misma. La dimensión espiritual – contemplativa que todo ser humano posee está siendo solapada por el materialismo, la avidez, el alejamiento de la naturaleza, del silencio etc… Por otra parte, en distintos ámbitos de la Iglesia, tras el último concilio especialmente, se ha acentuado desmesuradamente la acción y se ha postergado, con igual desmesura, la importancia de la oración y la liturgia. La Iglesia es entendida hoy por muchas personas como una gran ONG o como una poderosa empresa pero no es entendida como Sacramento de Salvación, no es entendida como Iglesia Peregrina que tiene su meta en la Iglesia Triunfante que, junto con la Iglesia Purgante, forman, en su conjunto, la totalidad de la Iglesia.
Mejorar la formación de los fieles mediante planes catequéticos bien estructurados, crear espacios de espiritualidad donde enseñar a orar y a profundizar en la experiencia de la Fe, tomar conciencia del papel fundamental que juegan las familias y, sobre todo, ser verdaderamente coherentes con el Evangelio en nuestro día a día son algunas de las soluciones para revertir esta situación.
Confiar
29/5/07
Confiar es fiarse de algo o de alguien.





