
Toda la vida pública de Jesucristo es una invitación a la conversión sincera. Seguir a Cristo implica cambiar, implica remover todos los obstáculos que dificultan este seguimiento, puliendo y
cincelando nuestro corazón para que llegue a ser la obra de arte que Dios quiere. Enmendar nuestra vida es una exigencia constante de la fe que profesamos. Hagamos un análisis de nuestros hábitos, costumbres, actitudes, conductas, etc. y, con la ayuda de
Espíritu Santo,
convirtámonos, cambiemos, salgamos de la rutina en la que vivimos. Seamos discípulos dóciles, atentos y celosos de cumplir las
enseñanzas de Nuestro Señor. Seamos cristianos modélicos.
¡Convertíos! dice el Señor.
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