El pesebre vacío; Navidades truncadas

24/12/07


En esta noche santa en que Dios nos visita, hecho carne de nuestra carne, me ha venido a la mente el recuerdo de todas aquellas miles de Navidades que han sido truncadas cuando no se ha permitido nacer a un ser humano. Mi deseo en esta noche es que la sociedad madure y se dé cuenta de que el ser vivo que gesta una mujer embarazada es un ser humano y ¿quién se plantea quitar la vida a un ser humano?, si todos somos conscientes de ello el crimen del aborto desaparecerá.

¡ Feliz Navidad !

23/12/07

Portal de Belén de mi casa

Finalizando ya el tiempo de Adviento os deseo a todos, de corazón, una feliz Navidad. Aprovechemos este tiempo para meditar sobre este gran misterio de Dios hecho carne, de Dios entre nosotros. Parémonos a contemplar el Portal de Belén que hayamos colocado en nuestros hogares, que no sea un mero adorno navideño y como dijese la beata madre Teresa de Calcuta "oremos para que nuestros corazones puedan ser el pesebre que María escogerá para su hijo".

¡Feliz Navidad!

Reconócele en la Eucaristía

6/12/07


No es difícil entrar en una Iglesia y comprobar cómo mucha gente ignora la presencia de Jesús en el sagrario. Durante la celebración de la Misa, ya sea en el momento de la consagración o en el mismo recibimiento de Jesús en la comunión, también se puede observar esta triste realidad. Nuestra fe se ha empobrecido tanto que hemos perdido el norte ¡ NO LE RECONOCEMOS EN LA EUCARISTÍA ! . Si a nuestra parroquia viniese un alto cargo político, o el Papa, o un famoso cantante todo el mundo estaría espectante, atento y deseoso de cruzarse una mirada o una palabra con tal personalidad relevante. Pues bien, ¡ EN NUESTRAS PARROQUIAS TENEMOS AL MISMO DIOS !. Aunque nuestros sentidos no lo perciban, aunque dude nuestra razón, Él está ahí. Es el mismo Dios creador de todo que se hizo carne, asumiendo nuestra condición humana, el que ahora está vestido de pan. Es el mismo Jesús, que hace veinte siglos te liberó muriendo en una cruz, el que ahora está en ese Pan consagrado. Está en ese Pan consagrado tu mejor amigo, el mejor confidente, quien más te ama. Él siempre está ahí esperándonos, parodijicamente somos nosotros, los nesecitados de Él, los que lo ignoramos.
El Pastor, como reza un himno, se ha hecho pasto para alimentar a sus ovejas.

¡ Ojalá lo reconozcas !

La Virtud de la Esperanza

3/12/07


La nueva encíclica del Papa, Spe Salvi, versa sobre la virtud de la esperanza. El siguiente texto está extraído de la citada encíclica e ilustra muy bien la vivencia de esta virtud.


"El ejemplo de una santa de nuestro tiempo puede en cierta medida ayudarnos a entender lo que significa encontrar por primera vez y realmente a este Dios. Me refiero a la africana Josefina Bakhita, canonizada por el Papa Juan Pablo II. Nació aproximadamente en 1869 –ni ella misma sabía la fecha exacta– en Darfur, Sudán. Cuando tenía nueve años fue secuestrada por traficantes de esclavos, golpeada y vendida cinco veces en los mercados de Sudán. Terminó como esclava al servicio de la madre y la mujer de un general, donde cada día era azotada hasta sangrar; como consecuencia de ello le quedaron 144 cicatrices para el resto de su vida. Por fin, en 1882 fue comprada por un mercader italiano para el cónsul italiano Callisto Legnani que, ante el avance de los mahdistas, volvió a Italia. Aquí, después de los terribles «dueños» de los que había sido propiedad hasta aquel momento, Bakhita llegó a conocer un «dueño» totalmente diferente –que llamó «paron» en el dialecto veneciano que ahora había aprendido–, al Dios vivo, el Dios de Jesucristo. Hasta aquel momento sólo había conocido dueños que la despreciaban y maltrataban o, en el mejor de los casos, la consideraban una esclava útil. Ahora, por el contrario, oía decir que había un «Paron» por encima de todos los dueños, el Señor de todos los señores, y que este Señor es bueno, la bondad en persona. Se enteró de que este Señor también la conocía, que la había creado también a ella; más aún, que la quería. También ella era amada, y precisamente por el «Paron» supremo, ante el cual todos los demás no son más que míseros siervos. Ella era conocida y amada, y era esperada. Incluso más: este Dueño había afrontado personalmente el destino de ser maltratado y ahora la esperaba «a la derecha de Dios Padre». En este momento tuvo «esperanza»; no sólo la pequeña esperanza de encontrar dueños menos crueles, sino la gran esperanza: yo soy definitivamente amada, suceda lo que suceda; este gran Amor me espera. Por eso mi vida es hermosa. A través del conocimiento de esta esperanza ella fue «redimida», ya no se sentía esclava, sino hija libre de Dios. Entendió lo que Pablo quería decir cuando recordó a los Efesios que antes estaban en el mundo sin esperanza y sin Dios; sin esperanza porque estaban sin Dios. Así, cuando se quiso devolverla a Sudán, Bakhita se negó; no estaba dispuesta a que la separaran de nuevo de su «Paron». El 9 de enero de 1890 recibió el Bautismo, la Confirmación y la primera Comunión de manos del Patriarca de Venecia. El 8 de diciembre de 1896 hizo los votos en Verona, en la Congregación de las hermanas Canosianas, y desde entonces –junto con sus labores en la sacristía y en la portería del claustro– intentó sobre todo, en varios viajes por Italia, exhortar a la misión: sentía el deber de extender la liberación que había recibido mediante el encuentro con el Dios de Jesucristo; que la debían recibir otros, el mayor número posible de personas. La esperanza que en ella había nacido y la había «redimido» no podía guardársela para sí sola; esta esperanza debía llegar a muchos, llegar a todos."

Las omisiones de muchos obispos.

5/11/07


Desde hace mucho tiempo he llegado a la conclusión de que la mejor pastoral vocacional que puede llevar a cabo un obispo en su diócesis es cuidar, con celo, la integridad de sus sacerdotes. Como se dice popularmente, vale más una imagen que mil palabras, por lo tanto, el sacerdote que vive su sacerdocio ministerial en comunión plena con la Iglesia y conforme a Ella será un signo en medio de la sociedad que a más de un joven le podrá hacer cuestionarse una posible vocación a la vida sacerdotal o religiosa e iniciar el discernimiento oportuno. Por desgracia, abundan muchos ministros de la Iglesia que tanto por lo que dicen como por lo que hacen son causa de escándalo, de confusión, de perplejidad etc. Quizás lo más hiriente no es la existencia de estos sacerdotes que, por ejemplo, no se ciñen a la liturgia católica, que se manifiestan contrarios a muchos aspectos de la doctrina de la Iglesia o han protagonizado escándalos de distinta naturaleza, lo más hiriente es la pasividad de muchos obispos que prefieren mirar hacia otro lado, ser condescendiente y no aplicar las medidas que el derecho canónico establece. Muchas veces se actúa cuando hay presión mediática o cuando ya la "la bola de nieve" es demasiado grande e imparable. Ante estas situaciones los fieles nos encontramos inmersos en un sentimiento de indefensión y de impunidad. Se nos prueba demasiado en la virtud de la paciencia.

Los obispos, que deben gobernar en caridad la porción del pueblo de Dios que se les encomienda, debieran cuidar mucho ese aspecto de el ministerio episcopal que es el ejercicio de la autoridad cuando sea preciso.

Ojalá los fieles laicos seamos tenidos en cuenta y se acabe esa especie de frecuente corporativismo en el clero.

Días de esperanza y oración

2/11/07



La fiesta de Todos los Santos y la fiesta de los Fieles Difuntos son muy cercanas en el tiempo y están muy relacionadas entre sí, pues los que ya gozan de la contemplación de Dios son santos y también ha muerto según la carne.
Estas fiestas son un estímulo para esforzarnos en vivir santamente así como para renovar nuestra esperanza mientras peregrinamos en este mundo.
Acordémonos
, especialmente en estos días, del elevar oraciones en sufragio por la Iglesia Purgante, es decir, por todas aquellas personas que han dejado esta vida y están purificándose para poder gozar de la Gloria eterna de Dios.

Del Compendio del Catecismo de la Iglesia he extraído lo siguiente relacionado con estas celebraciones:


CREO EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

194. ¿Qué significa la expresión «comunión de los santos»?

La expresión «comunión de los santos» indica, ante todo, la común participación de todos los miembros de la Iglesia en las cosas santas (sancta): la fe, los sacramentos, en particular en la Eucaristía, los carismas y otros dones espirituales. En la raíz de la comunión está la caridad que «no busca su propio interés» (1 Co 13, 5), sino que impulsa a los fieles a «poner todo en común» (Hch 4, 32), incluso los propios bienes materiales, para el servicio de los más pobres.

195. ¿Qué otra significación tiene la expresión «comunión de los santos»?

La expresión «comunión de los santos» designa también la comunión entre las personas santas (sancti), es decir, entre quienes por la gracia están unidos a Cristo muerto y resucitado. Unos viven aún peregrinos en este mundo; otros, ya difuntos, se purifican, ayudados también por nuestras plegarias; otros, finalmente, gozan ya de la gloria de Dios e interceden por nosotros. Todos juntos forman en Cristo una sola familia, la Iglesia, para alabanza y gloria de la Trinidad.


CREO EN LA VIDA ETERNA

207. ¿Qué es la vida eterna?

La vida eterna es la que comienza inmediatamente después de la muerte. Esta vida no tendrá fin; será precedida para cada uno por un juicio particular por parte de Cristo, juez de vivos y muertos, y será ratificada en el juicio final.

209. ¿Qué se entiende por cielo?

Por cielo se entiende el estado de felicidad suprema y definitiva. Todos aquellos que mueren en gracia de Dios y no tienen necesidad de posterior purificación, son reunidos en torno a Jesús, a María, a los ángeles y a los santos, formando así la Iglesia del cielo, donde ven a Dios «cara a cara» (1 Co 13, 12), viven en comunión de amor con la Santísima Trinidad e interceden por nosotros.

«La vida subsistente y verdadera es el Padre que, por el Hijo y en el Espíritu Santo, derrama sobre todos sin excepción los dones celestiales. Gracias a su misericordia, nosotros también, hombres, hemos recibido la promesa indefectible de la vida eterna» (San Cirilo de Jerusalén).

210 ¿Qué es el purgatorio?

El purgatorio es el estado de los que mueren en amistad con Dios pero, aunque están seguros de su salvación eterna, necesitan aún de purificación para entrar en la eterna bienaventuranza.

211. ¿Cómo podemos ayudar en la purificación de las almas del purgatorio?

En virtud de la comunión de los santos, los fieles que peregrinan aún en la tierra pueden ayudar a las almas del purgatorio ofreciendo por ellas oraciones de sufragio, en particular el sacrificio de la Eucaristía, pero también limosnas, indulgencias y obras de penitencia.

212. ¿En qué consiste el infierno?

Consiste en la condenación eterna de todos aquellos que mueren, por libre elección, en pecado mortal. La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios, en quien únicamente encuentra el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira. Cristo mismo expresa esta realidad con las palabras «Alejaos de mí, malditos al fuego eterno» (Mt 25, 41).

213. ¿Cómo se concilia la existencia del infierno con la infinita bondad de Dios?

Dios quiere que «todos lleguen a la conversión» (2 P 3, 9), pero, habiendo creado al hombre libre y responsable, respeta sus decisiones. Por tanto, es el hombre mismo quien, con plena autonomía, se excluye voluntariamente de la comunión con Dios si, en el momento de la propia muerte, persiste en el pecado mortal, rechazando el amor misericordioso de Dios.

Él también es persona

21/10/07


Mucha gente tiene una concepción de Dios como si Este fuera una energía, un ente abstracto o algo similar. Cierto es que cuando nos hacemos una idea de quién es Dios podemos estar creándonos un ídolo, una imagen distorsionada y alejada de la verdad porque a Dios nuestra razón no lo puede abarcar totalmente. En mi opinión, lo que sí debemos tener claro es que Dios también es persona, no es algo, es Alguien que busca que lo conozcamos. Pensemos en los familiares o amigos que más queremos y analicemos cómo es nuestra relación con ellos, pues bien, nuestra relación con Dios debe tener similitudes como, por ejemplo, la confianza, la cercanía, el diálogo franco o la afectividad. Si tenemos presente lo anterior y que Dios nos ama con un amor sin medida no nos será difícil entrar en amistad con Él y llegar a amarlo sobre todas las cosas.

Día de las misiones

20/10/07


Los últimos posts que he colocado han versado sobre la importancia del encuentro con el Señor, del seguimiento y a amor a su Persona. Dicho esto, y dado que hoy es el domingo del DOMUND, me parece muy oportuno hablar de una de las consecuencias de ese encuentro; la transmisión de la fe, fe esta, que ha de ser cultivada desde la experiencia e intelectualmente.
La Iglesia es ante todo Iglesia misionera. Dios es Amor y el amor, contrariamente al egoísmo, siempre hace referencia a la entrega, al otro. Cristo envía a sus discípulos a predicar el Evangelio hasta los confines del mundo y todos aquellos que se han encontrado con el Señor sienten la necesidad de transmitir la experiencia de ese encuentro. Me viene a la memoria el encuentro de María Magdalena con el Señor resucitado, ella, desbordada por la alegría, difunde la Buena Noticia de inmediato o la conversión de vida de San Francisco Javier que lo dejó todo por llevar a Cristo a los lugares más remotos. No se trata de captar personas, tampoco es cuestión de convencer (aunque debemos saber dar razones de nuestra fe), ni es cuestión de marketing, ni de aumentar estadísticas ni mucho menos, se trata de vivir y compartir el profundo gozo de la fe en todo lugar y en toda circunstancia, respetando siempre la libertad del individuo, de hecho, un cristiano verdaderamente cristiano envageliza incluso cuando calla pues su vida es un Evangelio viviente. Al igual que una flor esparce su aroma de forma natural y espontánea el cristiano esparce el buen olor a Cristo allá donde se encuentre. Desgraciadamente, la mayoría de los "cristianos" no transmiten nada porque no han vivido nada respecto a la relación con el Señor, ni tan siquiera buscan esa relación. Son esa masa de personas que son cristianas porque la cultura que les rodea es tradicionalmente cristiana. Esa masa está por evangelizar.

Sería muy injusto por mi parte, en un día como el de hoy, no recordar a las miles de personas que dejan todo para ir a tierras de misión haciendo presente a Cristo en sitios donde nunca han oído hablar de Él. Acordémonos de todos ellos en nuestras oraciones y procuremos profundizar en la relación con el Señor para así poder transmitirlo.

Encontrarse con el Señor

19/10/07


“Es necesario que planteemos el tema del ‘encuentro personal’ con Cristo en la vida de los cristianos. Muchos, demasiados, no han vivido de ninguna forma este ‘encuentro personal’. Otros, quizás muchos, sienten que les han quitado el Señor o viven como si se lo hubieran quitado y no supiesen dónde encontrarlo. Su relación con el cristianismo es relación con doctrinas, normas, preceptos y ceremonias. Pero el alma de todas estas cosas, lo que les da sentido es el conocimiento, el amor y el seguimiento de Cristo. Espontáneamente se va la memoria a las hermosas conclusiones que Juan Pablo II nos invitó a sacar del Año Jubilar 2000: El encuentro con Cristo es la herencia del Gran Jubileo. Hay un rostro para contemplar, el suyo, y un camino para recorrer desde esa contemplación, para ser Testigos del Amor.
Es el resumen y el esquema de su Carta Novo Millennio Ineunte (2001)”.

Extraído de la Carta pastoral "La Fe se fortalece dándola" de Mons. Francisco Cases Andreu, Obispo de Canarias. Recomiendo su lectura íntegra se encuentra colgada en la web http://www.diocesisdecanarias.org/

Conocer y amar

14/10/07

Icono de la Santísima Trinidad

« Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él » (1 Jn 4, 16). Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino. Además, en este mismo versículo, Juan nos ofrece, por así decir, una formulación sintética de la existencia cristiana: « Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él ».

Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: « Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna » (cf. 3, 16). La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva profundidad y amplitud. En efecto, el israelita creyente reza cada día con las palabras del Libro del Deuteronomio que, como bien sabe, compendian el núcleo de su existencia: « Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas » (6, 4-5). Jesús, haciendo de ambos un único precepto, ha unido este mandamiento del amor a Dios con el del amor al prójimo, contenido en el Libro del Levítico: « Amarás a tu prójimo como a ti mismo » (19, 18; cf. Mc 12, 29- 31). Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10), ahora el amor ya no es sólo un «mandamiento», sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro.
De la encíclica "Deus caritas est".

Conocer al Señor

10/10/07


SALMO 22

El Señor es mi pastor,nada me falta;
en verdes praderas me hace recostar

me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo
por el honor de su nombre

Aunque camine por cañadas oscuras
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí
enfrente a mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin términos.

He colocado este salmo tan hermoso para poder entender la siguiente historia y formularnos cada uno la pregunta ¿Conozco al Pastor?

"Al final de una cena en un castillo inglés, un famoso actor de teatro entretenía a los huéspedes declamando textos de Shakespeare. Después se ofreció a que le pidieran alguna pieza extra. Un tímido sacerdote preguntó al actor si conocía el salmo 22. El actor respondió: ‘Sí, lo conozco, pero estoy dispuesto a recitarlo con una condición; que después lo recite usted’. El sacerdote se sintió incómodo, pero accedió. El actor hizo una bellísima interpretación, con una dicción perfecta: ‘El Señor es mi Pastor, nada me falta...’ Al final, los huéspedes aplaudieron vivamente. Llegó el turno al sacerdote, que se levantó y recitó las mismas palabras del salmo. Esta vez, cuando terminó, no hubo aplausos, solo un profundo silencio y el inicio de lágrimas en algún rostro. El actor se mantuvo en silencio unos instantes, después se levantó y dijo: ‘Señoras y señores, espero que se hayan dado cuenta de lo que ha sucedido esta noche: yo conocía el salmo, pero este hombre conoce al Pastor”.

(Extraído del blog "soy cristiano")

La oración del Rosario

7/10/07

"El día 7, domingo próximo, celebraremos la fiesta de la Virgen del Rosario, y es como si, cada año, Nuestra Señora nos invitara a redescubrir la belleza de esta oración, tan sencilla y profunda. El amado Juan Pablo II fue gran apóstol del Rosario: le recordamos arrodillado con la corona entre las manos, inmerso en la contemplación de Cristo, como él mismo invitó a hacer con la Carta Apostólica «Rosarium Virginis Mariae». El Rosario es oración contemplativa y cristocéntrica, inseparable de la meditación de la Sagrada Escritura. Es la oración del cristiano que avanza en la peregrinación de la fe, en el seguimiento de Jesús, precedido por María. Desearía invitaros, queridos hermanos y hermanas, a rezar el Rosario durante este mes en familia, en las comunidades y en las parroquias por las intenciones del Papa, por la misión de la Iglesia y por la paz del mundo. "
Palabras de Benedicto XVI el día 1 de Octubre.

Os animo a todos ha seguir la recomendación del Papa y reavivar así la costumbre de rezar una parte del rosario diariamente y a poder ser en familia. Para ello os coloco este enlace donde podéis rezar de forma interactiva el Rosario.


Soneto

1/9/07



Pues le quieres hacer el monumento
en mis entrañas a tu cuerpo amado,
limpia, suma limpieza, de pecado,
por tu gloria y mi bien, el aposento.


Si no, retratarás tu nacimiento,
pues entrado en mi pecho disfrazado,
te verán en Pesebre acompañado
de brutos Apetitos que en mí siento.


Hoy te entierras en mí con propia mano,
que soy sepulcro, aunque a tu ser estrecho,
indigno de tu cuerpo soberano.


Tierra te cubre en mí, de tierra hecho;
la conciencia me presta su gusano;
mármol para cubrirte dé mi pecho.
(Francisco de Quevedo)

Tu nombre Señor

29/8/07

Cuando una persona ama a otra el simple hecho de pronunciar su nombre evoca muchísimos pensamientos y sentimientos. De alguna forma el nombre de quien amamos sintetiza a toda su persona. Ser cristiano es ser enamorado de Cristo. Por lo tanto, repetir conscientemente el nombre de Jesús es hacerlo presente, es reavivar nuestros sentimientos hacía Él, es hacer oración. Coger el rosario, ir pasando las cuentas repitiendo el nombre de Jesús es una práctica que recomiendo a todos. Es un modo de orar sencillo, profundo y muy hermoso.

Perú

24/8/07


Aunque ya han pasado unos días desde que ocurrió la tragedia quisiera hacer un llamamiento, desde este modesto blog, a la oración por Perú. El terrible terremoto que ha sacudido parte de este país sudamericano ha dejado centenares de fallecidos, familias rotas por la pérdida de seres queridos, de sus casas, de sus pueblos, etc.
Oremos, pues, por ellos, para que el Señor mueva los corazones y haga que las naciones se involucren en la reconstrucción, para que todas las víctimas se sientan reconfortadas, esperanzadas, para que la luz de Cristo ilumine sus vidas y para que todos los difuntos descansen en paz.

Que todos los peruanos sientan nuestra cercanía material y espiritual.

La oración de toda la Iglesia

22/8/07


"La Liturgia de las Horas es la oración de la Iglesia que alabando a Dios e intercediendo por los hombres, prolonga en la tierra la función sacerdotal de Cristo. Ahora bien, la Iglesia la forman todos "aquellos hombres a los que Cristo ha hecho miembros de su Cuerpo, la Iglesia, mediante el sacramento del bautismo", no únicamente una parte de ellos; por consiguiente, la Liturgia de las Horas "pertenece a todo el cuerpo de la Iglesia", no sólo a los sacerdotes y religiosos contemplativos, como se ha venido pensando durante los últimos siglos. La capacitación para tomar parte en esta oración no es, por tanto, consecuencia del sacramento del orden ni de la profesión monástica, sino del bautismo y de la confirmación. La entrega del Padrenuestro a los catecúmenos, tal como se realiza en la iniciación cristiana de adultos, viene a ser como el rito expresivo de que todo bautizado recibe la misión de orar en nombre y como miembro de la Iglesia. Este libro que la Iglesia pone en manos de los fieles quiere, pues, devolver la oración eclesial a sus verdaderos destinatarios, es decir, a todos los bautizados."

La Iglesia recomienda insistentemente a todos los laicos el rezo de la Liturgia de las Horas. Os animo a ello aunque solo sea con el rezo de las dos principales horas; Laudes y Vísperas. Para ello tenéis habilitado un enlace en este blog.

¡ Cuánta belleza !

19/8/07


Por las tardes suelo dar un paseo por la costa cercana a mi casa. Me gusta contemplar el mar, el cielo y ese abanico de colores suaves que se producen en el atardecer cercano ya al ocaso. Uno se queda absorto ante tanta belleza. La verdad, me cuesta creer que haya personas que niegan la existencia de Dios cuando toda la creación habla de Él. Es imposible que todas las maravillas que contemplamos en la naturaleza tengan un origen casual. El Universo entero nos convoca a la fe.
Aprendamos a contemplar.


La casulla


Desgraciadamente, se ha generalizado entre muchos sacerdotes la costumbre de celebrar la Misa sin casulla, tan sólo con alba y estola. La belleza y expresividad de los símbolos litúrgicos nos ayudan a adentrarnos en el misterio de Dios, por este motivo se debe prestar especial atención al cuidado de la liturgia. Concretamente la casulla, según me comentó un liturgista, simboliza la virtud de la caridad que debe cubrir a todo el sacerdote.

Nos dice la Institución General del Misal Romano, documento que en su tercera edición fue promulgado por Juan Pablo II en el 2000 y que regula la celebración de la Misa en el rito romano de la Iglesia Católica que, la casulla -puesta encima del alba y de la estola- es la vestidura propia del sacerdote para la celebración de la misa y los ritos directamente relacionados con ella. Igualmente los sacerdotes concelebrantes deben utilizar la casulla, pudiendo omitirla tan sólo cuando no hubiere suficientes vestiduras, aunque el celebrante principal debe siempre portarla. Conforme el Ceremonial de los Obispos, promulgado en 1983, es también la vestidura exterior propia de los obispos cuando celebran la misa. La casulla debe concordar con el color litúrgico determinado por la legislación eclesiástica.
Ojalá todos los sacerdotes cuiden la liturgia y celebren correctamente la Eucaristía.

La alegría de ser cristiano

17/8/07

"Estad siempre alegres"

La experiencia de la fe, nacida del encuentro personal con Dios, es el sustrato para el florecimiento de una hermosa virtud: la alegría. Sin lugar a dudas, confiar plenamente en Jesús, sabernos amados, relacionarnos asiduamente con Él en la oración, vivir el Evangelio, en definitiva, ir transformando nuestros sentimientos y nuestro proceder en los suyos nos hacen estar en paz y sentirnos hondamente alegres. Estar alegre es una seña de identidad del cristiano. Los santos han sabido vivir intensamente esta virtud que aleja de tantas tentaciones, de tantos pecados y que es también uno de los frutos del Espíritu Santo.
Irradiemos la alegría de la fe a nuestro alrededor e iluminemos nuestro entorno con ella.

María asunta al Cielo

14/8/07

María
Ora pro nobis

Toda fiesta mariana es una oportunidad para meditar sobre algún aspecto concreto de la madre de Dios. En esta fiesta de la asunción de María al Cielo me parece acertado meditar sobre el papel de nuestra madre como poderosa intercesora de todos sus hijos.

El amor de madre es un amor indescriptible, constante, fortísimo. Es es el amor que más se parece al amor de Dios. Dicho esto, es conveniente recordar que realmente somos hijos de María y realmente Ella nos ama como madre que es. Por esta razón, no dudemos en implorar su protección, en pedir la gracia divina a través de Ella, en acogernos a Ella como el hijo que busca el calor materno. No dudemos en amarla, en imitarla.

La asunción de María se me antoja como el culmen de la obra prodigiosa que Dios inició en Ella. A Ella, que participa tan abundantemente de la Gloria y que es medianera de todas las gracias, elevemos nuestra plegaria para que interceda por la Iglesia y el mundo.

Los signos de la veneración Eucarística

12/8/07



Carta a los presbíteros y diáconos por Julián López Martín, Obispo de León (España).

"
.....Por último, os pido que pongáis en práctica las siguientes indicaciones y sugerencias, que afectan no sólo a la celebración de la Eucaristía sino también a su culto fuera de la Misa y a la misma Reserva eucarística. Su observancia tiene mucho que ver también con el comportamiento de los fieles en el interior de las iglesias.


1. Verdad y belleza de la celebración y del culto a la Eucaristía.

Antes de entrar en las sugerencias concretas, me parece oportuno recoger y comentar esta afirmación de la Exhortación Apostólica: “La relación entre el misterio creído y celebrado se manifiesta de modo peculiar en el valor teológico y litúrgico de la belleza. En efecto, la liturgia, como también la revelación cristiana, está vinculada intrínsecamente con la belleza: es veritatis splendor. En la liturgia resplandece el Misterio pascual mediante el cual Cristo mismo nos atrae hacia sí y nos llama a la comunión” (SCa 35). El Papa se refiere a una realidad mucho más profunda que una mera estética o armonía de las formas a la hora de celebrar la liturgia. Lo que está en juego, cuando se realiza una acción litúrgica, es la verdad del misterio que se hace presente en ella y que, a la vez, se oculta en el conjunto de signos, palabras y elementos que integran la celebración y que es necesario percibir claramente para entrar en contacto con él. La Iglesia no ha creado el ritual, los gestos, los símbolos, la música, etc., de su liturgia buscando la ceremonia, la majestuosidad o la pura solemnización, sino tratando de ayudar al hombre a entrar en comunión con Dios, para que le alabe del mejor modo posible y se deje santificar por Él. “La verdadera belleza (de la liturgia) es el amor de Dios que se ha revelado definitivamente en el Misterio pascual” (ib.). Por eso, celebrar bien no consiste en ejecutar fríamente unos actos o recitar de manera rutinaria unas fórmulas de plegaria. En este sentido, no se puede olvidar que la forma externa condiciona decisivamente las actitudes internas. De ahí que se debe cuidar con el mayor esmero todo aquello que facilita la comunicación visual y verbal en las acciones litúrgicas. Especialmente hoy, cuando todo el mundo está acostumbrado a ver y a escuchar a auténticos maestros de la expresión. Y esto afecta no solamente a la responsabilidad de los ministros, sino también a la necesaria educación litúrgica de los fieles que ocupan la nave, a los que se ha de considerar como verdaderos participantes en la parte que les corresponde como miembros del pueblo sacerdotal (cf. 1 Pe 2,5.9). “Conscientes de todo esto, hemos de poner gran atención para que la acción litúrgica resplandezca según su propia naturaleza” (ib.)


2. Los gestos de la veneración.

“Un signo convincente de la eficacia que la catequesis eucarística tiene en los fieles es sin duda el crecimiento en ellos del sentido del misterio de Dios presente entre nosotros. Eso se puede comprobar a través de manifestaciones específicas de veneración de la Eucaristía, hacia la cual el itinerario mistagógico debe introducir a los fieles. Pienso, en general, en la importancia de los gestos y de la postura, como arrodillarse durante los momentos principales de la plegaria eucarística” (SCa 65). Por su parte, la OGMR es muy clara al señalar: “(Los fieles) estarán de rodillas durante la consagración, a no ser que lo impida la enfermedad o la estrechez del lugar o la aglomeración de los participantes o cualquier otra causa razonable. Y, los que no pueden arrodillarse en la consagración, harán una profunda inclinación mientras el sacerdote hace la genuflexión después de ella” (n. 43). La Conferencia Episcopal Española no ha señalado otro gesto, lo que quiere decir que la norma general tiene pleno vigor en España. Allí donde la mayoría de los fieles permanece aún de pie durante la consagración, es necesario que, con claridad y paciencia, se les invite a recuperar el gesto de arrodillarse, explicándoles el sentido del estar de rodillas o de la inclinación profunda. Esta explicación debe hacerse antes de la celebración eucarística. En las iglesias en las que se instalaron bancos sin reclinatorio, los responsables deberían estudiar cómo hacer la oportuna adaptación a los mismos. Por otra parte, conviene también recordar a todos los fieles y enseñar a los más pequeños a poner en práctica la genuflexión, cuando pasan por delante del Santísimo Sacramento (cf. OGMR 274).


3. El modo de comulgar.

La OGMR, cuando se ocupa de la distribución de la Comunión a los fieles dice: “El sacerdote toma después la patena o la píxide y se acerca a los que van a comulgar, quienes, de ordinario, se acercan procesionalmente. A los fieles no les es lícito tomar por sí mismos ni el pan consagrado ni el sagrado cáliz y menos aún pasárselos entre ellos de mano en mano. Los fieles comulgan de rodillas o de pie, según lo haya establecido la Conferencia de los Obispos. Cuando comulgan de pie, se recomienda que, antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia del modo que determinen las citadas normas” (n. 160). Ya hace muchos años que en España se autorizó el recibir la comunión en la mano, correspondiendo a los fieles el usar o no de esta facultad. En su momento se indicó también el modo de hacerse. Anteriormente se había permitido así mismo comulgar de pie. Sin embargo las cosas se olvidan si no se recuerdan oportunamente, y a los niños, cuando se preparan para hacer la Primera Comunión, hay que enseñarles cómo deben proceder. Por eso no es infrecuente el que algunos fieles, al acercarse a comulgar, hacen ademán de quitar la Sagrada Forma de la mano del ministro. Otros se la llevan a la boca sobre la misma mano en la que la reciben. La indicación del Misal es clara, pero podría precisarse un poco más a la hora de explicarla a los fieles. En efecto, los fieles comulgarán habitualmente de pie, haciendo antes una inclinación de cabeza, pudiendo recibir la comunión en la boca o en la mano. Si eligen este último modo, extenderán una mano abierta ante el ministro con la otra debajo, también abierta. Una vez depositada la Sagrada Forma en la mano, la persona que va a comulgar se la llevará con la mano libre a la boca, delante del ministro, antes de retirarse. Si eligen el modo de comulgar de rodillas, no es necesaria ninguna otra reverencia. Tratándose de niños, puede ser eficaz un sencillo ensayo con formas no consagradas. Si se da la comunión bajo las dos especies, supuestas las condiciones exigidas para ello (cf. OGMR 282-287), cuando se hace “por intinción”, que es el modo más adecuado para hacerlo, deberá recibirse obligatoriamente en la boca. No está permitido a los que comulgan mojar por sí mismos la Sagrada Forma en el cáliz, ni recibir ésta en la mano una vez mojada.


4. La colocación del Sagrario y de la Sede.

“Es necesario que el lugar en que se conservan las especies eucarísticas sea identificado fácilmente por cualquiera que entre en la iglesia, gracias también a la lamparilla encendida. Para ello, se ha de tener en cuenta la estructura arquitectónica del edificio sacro: en las iglesias donde no hay capilla del Santísimo Sacramento, y el sagrario está en el altar mayor, conviene seguir usando dicha estructura para la conservación y adoración de la Eucaristía, evitando poner delante la sede del celebrante” (SCa 69). Por su parte la OGMR dice también: “El puesto más habitual de la Sede será de cara al pueblo al fondo del presbiterio, a no ser que la estructura del edificio o alguna otra circunstancia lo impida; por ejemplo, si, a causa de la excesiva distancia, resulta difícil la comunicación entre el sacerdote y la asamblea congregada o si el sagrario ocupa un lugar central detrás del altar” (OGMR 310; véanse también nn. 314-317). En la gran mayoría de nuestras iglesias el Sagrario sigue formando parte del retablo mayor y se encuentra, por tanto, detrás del altar de cara al pueblo, generalmente a la misma altura en que ha estado siempre. A veces, sobre todo en iglesias de reciente construcción, el Sagrario sobresale por encima de la cabeza del sacerdote celebrante. Pero, a tenor de los dos documentos citados, el problema lo ha planteado un equivocado concepto de lo que es la Sede. Ésta no es un asiento más, sino que debe significar la función presidencial en toda celebración litúrgica. Por eso ha de estar situada de manera que haga posible la comunicación del sacerdote con los fieles, para que éstos puedan verlo y oírlo fácilmente. Colocada la Sede detrás del altar, cuando el sacerdote la usa, produce la impresión de que está sentado a una mesa. Es cierto que muchas iglesias tienen un presbiterio muy reducido. Pero, teniendo en cuenta que la Sede ha de ser única y que, por tanto, no se requiere un asiento de cada lado, cabe ponerla en un lateral del presbiterio, en la parte opuesta a la del ambón. La Sede puede estar adosada a la pared de manera que el sacerdote, sentado, mira al ambón y escucha las lecturas como los demás fieles; y, cuando está de pie, puede volverse a la asamblea sin dificultad. En la concelebración, si no hay espacio en el presbiterio para los asientos de los concelebrantes o ministros, éstos se pueden situar delante de los fieles. Lo que importa es que se destaque la presidencia litúrgica -es uno solo el que preside- y que ningún ministro esté sentado o de pie inmediatamente delante del Sagrario dándole la espalda. Colocar la Sede delante del altar, tampoco es solución adecuada.


5. El cuidado de la Reserva eucarística.

Las normas de la Iglesia acerca de la dignidad, reverencia y seguridad que se han de observar en el lugar donde se guarda la Eucaristía son expresión y garantía de la fe y veneración de las comunidades eclesiales hacia el Santísimo Sacramento y han ser observadas escrupulosamente (cf. Código de Derecho Canónico, c. 934-944). Me refiero de manera particular al decoro del Sagrario, a la lámpara encendida y a la custodia de la llave, que nunca debe dejarse puesta en la cerradura ni junto al Sagrario, una vez terminada la celebración, sino en lugar seguro en la sacristía (cf. c. 938; 940). Ahora bien, la situación de las pequeñas parroquias de nuestra diócesis, especialmente en aquellos pueblos que se cierran durante el invierno o allí donde no es posible asegurar la Misa todos los domingos, obliga a que los párrocos y quienes hacen sus veces tomen las medidas oportunas. De ningún modo puede dejarse la Reserva eucarística en las iglesias de los pueblos que se cierran (cf. c. 934,2). En las iglesias en las que solamente se celebra la Misa una o dos veces al mes, para reservar el Santísimo Sacramento ha de procurarse que algún fiel, al menos, se responsabilice de su cuidado (cf. ib.), por ejemplo, visitando al Señor diariamente (cf. c. 937). De no ser así, es preferible que no se haga la Reserva. Cuando el Santísimo no esté reservado, se puede dejar abierta la puerta del Sagrario y la lámpara estará apagada.


6. Sobre los ministros extraordinarios de la comunión.

En la Exhortación Apostólica Sacramentum caritatis el Papa Benedicto XVI se dirige a los ministros de la Eucaristía con estas palabras: “Pido a todos, en particular a los ministros ordenados y a los que, debidamente preparados, están autorizados para el ministerio de distribuir la Eucaristía en caso de necesidad real, que hagan lo posible para que el gesto, en su sencillez, corresponda a su valor de encuentro personal con el Señor Jesús en el Sacramento. Respecto a las prescripciones para una praxis correcta, me remito a los documentos emanados recientemente” (n. 50). Por su parte, la OGMR establece para la distribución de la Comunión: “Si están presentes otros presbíteros, pueden ayudar al sacerdote a distribuir la Comunión. Si no están disponibles y el número de comulgantes es muy elevado, el sacerdote puede llamar para que le ayuden, a los ministros extraordinarios, es decir, a un acólito instituido o también a otros fieles que para ello hayan sido designados. En caso de necesidad, el sacerdote puede designar para esa ocasión a fieles idóneos. Estos ministros no acceden al altar antes de que el sacerdote haya comulgado y siempre han de recibir de manos del sacerdote el vaso que contiene la Santísima Eucaristía para administrarla a los fieles” (n. 162). Es evidente la intención de la Iglesia de que la Comunión sea distribuida, ante todo, por el sacerdote celebrante, ayudado si es necesario por otros sacerdotes o diáconos. Sólo cuando una verdadera necesidad lo requiera, los ministros extraordinarios, entre los que se cuentan los acólitos instituidos, pueden ayudar al sacerdote celebrante, según las normas citadas. No cabe, por tanto, que habiendo ministros ordinarios en el lugar, se recurra a los extraordinarios. Estos no deben acceder, sin más, al altar para tomar por sí mismos la patena o el copón para ayudar a distribuir la Comunión, sino que han de recibirlos de manos del sacerdote. Terminada la distribución, tampoco deben ellos recoger las partículas sobrantes ni purificar los vasos sagrados. Si hay que trasladar las Formas consagradas al Sagrario situado lejos del altar donde ese está celebrando, es preferible que sea un sacerdote o diácono el que lo haga o el mismo celebrante, una vez terminada la Misa. Las deficiencias en el modo de tratar la Santísima Eucaristía terminan dañando las actitudes internas de veneración debidas a tan augusto Sacramento. Para las celebraciones dominicales en la espera del presbítero, se requiere también que quienes, con la conveniente autorización del Obispo, las moderan o dirigen, actúen con el máximo sentido de veneración hacia la Eucaristía, según las normas de este tipo de celebraciones.


7. Sobre las disposiciones personales para recibir la Eucaristía.

Estas indicaciones y sugerencias no serían del todo eficaces, como expresión de “una actitud coherente entre las disposiciones interiores y los gestos y las palabras” SCa 64), si no se aludiera también a la práctica de la Iglesia según la cual “es necesario que cada uno se examine a sí mismo en profundidad (cf. 1 Cor 11,28), para que quien sea consciente de estar en pecado grave no celebre la Misa ni comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental, a no ser que concurra un motivo grave y no haya oportunidad de confesarse; en este caso, recuerde que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes”. El Papa Benedicto XVI escribe al respecto, sobre la relación entre los sacramentos de la Reconiliación y de la Eucaristía: “Como se constata en la actualidad, los fieles se encuentran inmersos en una cultura que tiende a borrar el sentido del pecado, favoreciendo una actitud superficial que lleva a olvidar la necesidad de estar en gracia de Dios para acercarse dignamente a la comunión sacramental. En realidad, perder la conciencia de pecado comporta siempre también una cierta superficialidad en la forma de comprender el amor mismo de Dios. Ayuda mucho a los fieles recordar aquellos elementos que, dentro del rito de la santa Misa, expresan la conciencia del propio pecado y al mismo tiempo la misericordia de Dios” (SCa 20). En la siempre conveniente y, en ocasiones muy necesaria, catequesis sobre la celebración de la Eucaristía, no debiera faltar la explicación de dichos elementos o momentos de carácter penitencial -sin valor sacramental, por supuesto-, como los modos de hacer el acto penitencial, la oración en voz baja del sacerdote antes de comulgar (“Señor Jesucristo...”), la exclamación “Señor, no soy digno...”, etc. Confío en que acojáis con el mayor interés estas observaciones sacadas de los últimos documentos sobre la Eucaristía y su celebración. Pueden parecer insignificantes, porque sin duda tenemos que ocuparnos también de celebrar bien -el ars celebrandi del que se habla en la Exhortación Apostólica- como condición indispensable para la participación consciente, activa y fructuosa en la Eucaristía (cf. SCa 38 ss.). Sin embargo, sin la adecuada correspondencia entre las actitudes internas de adoración, asombro y sinceridad ante lo que nos es dado celebrar, y las formas externas representadas por los gestos, los signos y los elementos de la celebración, nuestras celebraciones se quedarían en una estética puramente aparente y desprovista del verdadero espíritu de la liturgia, que no es otro que la presencia del Misterio de la fe.Con el deseo de que en nuestra Iglesia diocesana “se crea realmente, se celebre con devoción y se viva intensamente este santo Misterio” (SCa 94), invocando la intercesión de María “mujer eucarística”.

León, 10 de junio de 2007, solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo:

+ Julián, Obispo de León "

Laus Deo

10/8/07






Contemplando la belleza de las construcciones religiosas de otros siglos uno, por muy insensible que fuere, acaba conmoviéndose. Cómo aquellos hermanos en la fe, sin apenas medios, han sabido dar gloria a Dios de forma tan sublime. Cómo la vida cotidiana estaba transida de religiosidad, de sacralidad, de trascendencia.

Aprendamos de nuestros antepasados y hagamos todo, desde la oración a nuestro trabajo, desde la más profunda humildad y con la más alta excelencia de forma que todo resulte una alabanza constante a Dios.

Conocer y practicar la Religión

9/8/07


El cristiano no sólo debe ser creyente debe ser también creíble, debe dar razones de su fe. Esa credibilidad nace de la coherencia entre nuestros actos y lo que profesan nuestros labios y, a su vez, la coherencia nace, entre otras cosas, del conocimiento profundo de la religión.

Os animo a ahondar en la doctrina de la Iglesia leyendo asiduamente el Compendio del Catecismo del que tenéis un enlace en este blog.

Aprender de la naturaleza

29/7/07


Quiero contaros lo que me ha sucedido con una planta enredadera que compré hace cosa de un año. Puede parecer una tontería por la simpleza de la observación. Resulta que compré una enredadera que tenía todas sus hojas repartidas de forma uniforme y con un excelente aspecto. La coloqué en el centro de la mesa que tengo en el salón de mi casa. Hasta aquí todo normal. Lo que me llamó la atención y me hizo reflexionar es que con el paso de los días las hojas y los nuevos brotes de la planta se fueron orientando hacía una misma dirección. Esta dirección era la única ventana por la que entra abundante luz solar. La planta ha cambiado completamente su forma y toda ella está vuelta hacía la luz que se filtra a través de los cristales, incluso aquellas hojas que por su posición no recibían luz han acabado secándose. Entonces pensé lo siguiente: las personas debemos ser igual que las plantas; buscar continuamente la Luz, la Vida. Predisponernos para dejarnos iluminar por el Espíritu Santo que continuamente busca corazones dóciles para hospedarse. Ser conscientes que fuera de la luz de Dios la vida no puede subsistir. En definitiva, volvernos hacia Aquel que nos ama sin medida ni límite alguno.

Perdonar

21/7/07


"Desde mi punto de vista, el perdón supone dar cinco pasos.
El primer paso es aceptar y permitir el dolor, tengo que aceptar que me ha dolido, no debo disculpar enseguida al otro, como que no tiene la culpa, porque a mi me ha dolido.
El segundo es permitir que se exprese la ira, es justamente la ira la que me deja echar de adentro mío al otro, guardar una distancia sana frente al otro. Si no puedo perdonarle, entonces le doy poder, sigo vinculado, atado, pendiente de él, y mediante la ira puedo expresar: yo lo echo de adentro mío, entonces empiezo a sentir la ambición de poder vivir por mi mismo, sin depender del otro.
El tercer paso es describir objetivamente que es lo que pasó, ¿porque me he sentido tan herido?, ¿la palabra del otro acaso ha abierto una antigua llaga en mi alma?, trato de comprender que es lo que ha pasado en mi y en el otro, sin hacer una evaluación.
Recién entonces va a llegar el cuarto paso, que es perdonar, y que quiere decir no permitir que afloren los sentimientos de culpa, perdonar es un acto terapéutico, de liberación. Yo me libero de la energía negativa del otro, si no puedo perdonar entonces sigo ligado a él y le doy demasiado poder.
Conozco personas que no sanan porque no están en condiciones de perdonar, perdonar evidentemente es condición previa para sanar. Un hermano que acompaña a moribundos me ha dicho que algunas personas no pueden morir porque no pueden perdonar, siguen todavía manteniéndose aferrados a las viejas heridas, y solo cuando perdonan pueden morir, confirmamos entonces que perdonar es un acto terapéutico, es liberarse del poder del otro.
Y en el quinto paso "las llagas deben transformarse en perlas", allí donde el otro ha herido, ahí me duele, ahí se ha abierto una herida, pero esa herida también puede ser algo valioso, en una herida puedo descubrir mi propia capacidad de hacer las cosas bien, y cuando he traducido la herida en perla, en algo valioso, entonces no me muevo en torno a ella permanentemente, sino que se que me ha permitido desarrollar nuevas capacidades, para convertirme en una persona mejor.
En la Biblia , Jesús nos muestra un camino para encontrar la calma. Leeré rápidamente un texto del Evangelio de San Mateo donde se habla justamente de esta tranquilidad, Jesús dice en el capítulo 11: "vengan todos hacia Mí los que tienen que llevar pesadas cargas, Yo les procuraré tranquilidad, llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mi que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas".
Jesús promete calma a aquellos que llevan cargas pesadas, ahora la pregunta que nos debemos plantear es: ¿qué tipo de personas son?. En el caso de los judíos eran aquellas personas que querían cumplir al pie de la letra todas las leyes, ese hoy no es el caso entre nosotros, pero todos conocemos personas que quieren cumplir con leyes interiores, con las leyes de su propia ambición. Está bien practicar deportes, hacer jogging, comer bien, pero hay personas que se sobreexigen con ello, porque permanentemente plantean o reivindican ciertas metas, por ejemplo: "todos los días tengo que correr diez kilómetros", entonces todo se convierte en rendimiento y nada llega a la calma por cuanto se ven presionados permanentemente por esa ambición interior. "

Extraído de una conferencia en Argentina del monje benedictino alemán Anselm Grün.

Oración y autoconocimiento


"El objetivo de la oración es volverse uno con Dios, un escritor muy importante que vivió en el siglo cuarto dice que "la oración es la mayor dignidad del ser humano", así que a través de la oración hay que hacerse uno con Dios, esa es la vocación del ser humano, ese es el mayor regalo.
Pero en ese camino de convertirse uno con Dios, en esa senda de la contemplación, nos debemos encontrar primero con nosotros mismos, el mismo escritor dice: "si quieres conocer a Dios, empieza por conocerte a ti mismo primero", para él no existe realmente un encuentro con Dios antes de que nosotros mismos nos encontremos realmente con nosotros, si no nos confrontamos con nuestra propia verdad, con nuestra propia realidad, corremos el riesgo de proyectar nuestras imágenes a Dios, y ahí nos encontramos con nuestras propias proyecciones y no con el verdadero Dios.
De ese modo escribió un libro acerca de la oración con 153 pequeños capítulos donde describe cuales son los pasos para llegar a una verdadera oración: al principio nos encontramos con la ira, con las diferentes pasiones, luego podemos ir dejando estas a un lado y nos enfrentamos a las preocupaciones, a nuestros problemas, luego se nos presentan nuestros pensamientos teológicos, que pensamos acerca de Dios, después de eso nos enfrentamos a las imágenes que tenemos de Dios y algunos se quedan ahí, con esas imágenes de Dios y se sienten bien, pero dice el autor: "si nos quedamos con las imágenes, entonces tomamos el humo en lugar del fuego".
Unirse a Dios, ser uno con Dios, significa ser uno con el fuego, es decir transformarse totalmente a través de Dios. "


Extraído de una conferencia del monje benedictino alemán Anselm Grün.

Para pensar

16/7/07


El ritmo vertiginoso de la sociedad occidental ha provocado que, en muchos aspectos, cada vez seamos más insensibles. El aumento de personas que viven y mueren en soledad, el fenómeno de la indigencia, el deterioro progresivo y agresivo del medio ambiente, la violencia doméstica, la desestructuración de la familia son algunos ejemplos de la deshumanización social que vivimos. Lo lamentable de todo esto es que nos hemos acostumbrado a estas situaciones y a nadie le sorprende ver indigentes por la calle o no conocer al vecino que vive a su lado. Parece como si lo anormal, por ser común, se aceptase como normal. Cada uno tenemos que aportar nuestro granito de arena para cambiar esta realidad. El ser humano es un ser social y la sociedad no puede ser una selva llena de depredadores.

Propongámonos revisar y humanizar nuestra conducta. Revertirá en bien de todos.

Familia y oración

15/7/07


La oración, en sus distintas y ricas formas, no es otra cosa que relacionarnos con Dios. Relación esta que puede ser personal o comunitaria. Dentro de la oración comunitaria me gustaría subrayar la oración en familia. La familia es la Iglesia doméstica, es la célula de la sociedad y es, sobre todo, la escuela de la vida. Por esta razón, orar conjuntamente con nuestros seres más allegados tiene un valor muy importante; el ejemplo a los hijos, la cohesión familiar, el compartir la experiencia de la fe, etc.
Hoy día rezar en familia no es muy común, por ello debiéramos reavivar esta sana costumbre aunque sólo sea con la oración del padrenuestro.

Demos a Dios el lugar que le corresponde en nuestras vidas y hogares.

Contemplación

14/7/07


No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

(anónimo)

Amarse y sentirse amado

13/7/07


El primer mandamiento de la ley de Dios es “amarás a Dios sobre todas las cosas” . A tenor de este mandato se nos ha inculcado siempre que debemos amar a Dios pero no se nos ha hecho caer en la cuenta que para mejor amarlo tendríamos que ser concientes que somos amados por Él, que Él nos amó primero y que su amor es inimaginable. La experiencia de sentirse amado hace brotar espontáneamente la correspondencia a ese amor. Algo parecido ocurre con el otro mandato “amarás al prójimo como a ti mismo” que junto con el anterior sintetizan toda la ley. Si nos fijamos en este mandato la medida del amor al prójimo es la medida con la que nosotros nos amamos a nosotros mismos. Esto no es egoísmo, al contrario, es la premisa necesaria para obrar en caridad porque lo que no tenemos no lo podemos dar. Por lo tanto, procuremos meditar en ese amor de Dios hacia cada uno de nosotros y no olvidemos en amarnos para poder amar.

La santidad


La santidad sólo reside en Dios, ya lo decimos en la oración del Gloria “porque sólo tú Señor eres santo, sólo tú altísimo Jesucristo”. En la medida que dejamos que nuestro Señor Jesús vaya transformando nuestra vida en la suya vamos participando de esa santidad. Todos hemos sido llamados a la santidad y todos podemos alcanzarla. Esta es la meta de todo cristiano; ser santo.
Los santos son un estímulo en nuestro peregrinar, muchas veces dificultoso. La sociedad está cansada de oír hablar de Cristo y , sin embargo, está ansiosa por ver cristianos íntegros. Nadie queda indiferente al indagar en la vida de la beata madre Teresa de Calcuta, de Francisco de Asís o de Francisco Javier, por poner algunos ejemplos. Son vidas que nos interpelan, son evangelios hechos carne.
Pidamos al Padre que nos envíe su Santo Espíritu y dejemos que Él obre en nosotros sus maravillas.

La piedad Eucarística

12/7/07


Soberano Jesús sacramentado
Sea por siempre bendito y alabado

Una de las consecuencias de la secularización galopante que vivimos es la pérdida de prácticas piadosas. Lejos de ñoñerías y sentimentalismo, debiéramos recuperar gestos, costumbres etc. que se han ido perdiendo como, por ejemplo, visitar a Jesús sacramentado reservado en el sagrario, hacer un gesto de adoración cada vez que pasemos o nos encontremos en su presencia, si no podemos visitar físicamente una Iglesia, al menos, hacerlo con el pensamiento, arrodillarse en la consagración, etc. Los sacerdotes, por su parte, debieran exponer el Santísimo en la custodia frecuentemente, organizar vigilias de adoración nocturna y otras tantas formas de piedad eucarística que enriquecerán nuestras vidas.
Jesús sacramentado es Jesús mismo, es Dios, no lo olvidemos.

El sacramento olvidado


El sacramento de la Penitencia es de entre todos los sacramentos el más olvidado. Cada vez la gente se confiesa menos, quizás sea porque hemos ido perdiendo la conciencia de estar en pecado y porque desconocemos la experiencia de sentirnos perdonados y llenos de gracia divina. Ciertamente la confesión es un milagro, es Cristo mismo quien, cuál si fuésemos Lázaro, nos resucita de la muerte del pecado.

Creo que fue Santa Teresea de Jesús la que decía que para confesarnos buscásemos un buen sacerdote que fuese santo y sabio y si no encontrábamos un confesor que reuniese esas dos características al menos que fuese sabio. También escuché una vez que una confesión bien hecha es el mejor de los exorcismos.
Reconsideremos este sacramento de curación, estimémoslo y acudamos con frecuencia a él.
Referente a la confesión he extraído lo siguiente del compendio del Catecismo.

297. ¿Por qué hay un sacramento de la Reconciliación después del Bautismo?
Puesto que la vida nueva de la gracia, recibida en el Bautismo, no suprimió la debilidad de la naturaleza humana ni la inclinación al pecado (esto es, la concupiscencia), Cristo instituyó este sacramento para la conversión de los bautizados que se han alejado de Él por el pecado.
299. ¿Tienen necesidad los bautizados de conversión?
La llamada de Cristo a la conversión resuena continuamente en la vida de los bautizados. Esta conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia, que, siendo santa, recibe en su propio seno a los pecadores.
300. ¿Qué es la penitencia interior?
La penitencia interior es el dinamismo del «corazón contrito» (Sal 51, 19), movido por la gracia divina a responder al amor misericordioso de Dios. Implica el dolor y el rechazo de los pecados cometidos, el firme propósito de no pecar más, y la confianza en la ayuda de Dios. Se alimenta de la esperanza en la misericordia divina.
301. ¿De qué modos se expresa la penitencia en la vida cristiana?
La penitencia puede tener expresiones muy variadas, especialmente el ayuno, la oración y la limosna. Estas y otras muchas formas de penitencia pueden ser practicadas en la vida cotidiana del cristiano, en particular en tiempo de Cuaresma y el viernes, día penitencial.

302. ¿Cuáles son los elementos esenciales del sacramento de la Reconciliación?
Los elementos esenciales del sacramento de la Reconciliación son dos: los actos que lleva a cabo el hombre, que se convierte bajo la acción del Espíritu Santo, y la absolución del sacerdote, que concede el perdón en nombre de Cristo y establece el modo de la satisfacción.

303. ¿Cuáles son los actos propios del penitente?
Los actos propios del penitente son los siguientes: un diligente examen de conciencia; la contrición (o arrepentimiento), que es perfecta cuando está motivada por el amor a Dios, imperfecta cuando se funda en otros motivos, e incluye el propósito de no volver a pecar; la confesión, que consiste en la acusación de los pecados hecha delante del sacerdote; la satisfacción, es decir, el cumplimiento de ciertos actos de penitencia, que el propio confesor impone al penitente para reparar el daño causado por el pecado.

304. ¿Qué pecados deben confesarse?
Se deben confesar todos los pecados graves aún no confesados que se recuerdan después de un diligente examen de conciencia. La confesión de los pecados graves es el único modo ordinario de obtener el perdón.

305. ¿Cuándo se está obligado a confesar los pecados graves?
Todo fiel, que haya llegado al uso de razón, está obligado a confesar sus pecados graves al menos una vez al año, y de todos modos antes de recibir la sagrada Comunión.

306. ¿Por qué también los pecados veniales pueden ser objeto de la confesión sacramental?
La Iglesia recomienda vivamente la confesión de los pecados veniales aunque no sea estrictamente necesaria, ya que ayuda a formar una recta conciencia y a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo y a progresar en la vida del Espíritu.

310. ¿Cuáles son los efectos de este sacramento?
Los efectos del sacramento de la Penitencia son: la reconciliación con Dios y, por tanto, el perdón de los pecados; la reconciliación con la Iglesia; la recuperación del estado de gracia, si se había perdido; la remisión de la pena eterna merecida a causa de los pecados mortales y, al menos en parte, de las penas temporales que son consecuencia del pecado; la paz y la serenidad de conciencia y el consuelo del espíritu; el aumento de la fuerza espiritual para el combate cristiano.

María

11/7/07


He encontrado en internet esta imagen de la Virgen que me ha gustado especialmente. En la imagen, como pueden ver, María presenta a Jesús hecho carne y hecho Eucaristía, ¡ qué bonito !, me parece teologicamente muy acertada. En algunas imágenes marianas la Virgen aparece sola y esto no es muy correcto porque puede llevar a muchos fieles a darle el protagonismo de Cristo a su madre. Dicho esto, no quiero decir que no debamos amar y venerar a la madre Dios, todo lo contrario, debemos amarla, venerarla y, sobre todo, imitarla.

Pidamos a María que nos lleve hasta su Hijo, que nos conduzca al cumplimiento de la voluntad del Padre. Mirémosla como madre nuestra que es y con la confianza de un hijo imploremos su protección e interseción.